Lubina.

Nombre científico: Dincentrarchus lupus, Dicentrarchus labrax, Labrax lupus, Perca labrax, Morone labrax...

Otros nombres comunes:

Posee distintas denominaciones vulgares dependiendo de cada zona: Lupi, lupa o lupina en algunos puntos de la costa vasca, roballiza o furagaña en Asturias, róbalo o roballo en Galicia; en catalán, llobarro, llobarret, llop, llubarro, etcétera.

 

La lubina es un pez óseo, del orden de los perciformes, encuadrada generalmente dentro de los serránidos, aunque algunos autores discrepen de esta clasificación, por considerar que su morfología no se ajusta a la de la familia serranidae. Para deshacer el entuerto, los disidentes han creado una familia a medida de nuestro protagonista, la de los morónidos, en la que figuraría junto con su pariente cercano, la baila (Dicentrarchus punctatus). 

La lubina es un pez más esbelto e hidrodinámico que los demás serránidos y presenta, en comparación, hábitos muy diferentes. La familia serranidae comprende especies tales como el mero, la cherna, o la cabrilla. Al margen de las diferencias de tamaño entre unos y otros, comparten muchas características comunes que indican su pertenencia a un grupo homogéneo, en cuyo bien avenido redil irrumpiría, como un lobo, la lubina. 

A simple vista, se diferencia del resto por sus hechuras fusiformes, tanto como por la presencia de dos aletas dorsales y dientes sobre la lengua. También se aprecia que las aletas están adaptadas a la natación, con la caudal ancha, fuerte y ligeramente ahorquillada, y las ventrales -mucho menores- situadas detrás de las pectorales.

La primera de las dos aletas dorsales tiene todos los radios duros (8 ó 9 en total), por uno sólo en la segunda. La cabeza, -ésta sí, de serránido- muy agresiva, presenta una boca de amplias dimensiones, con parte del maxilar inferior visible, que le confiere un marcado prognatismo. El preopérculo, violento y serrado, está soldado al opérculo, que muestra dos únicas espinas planas.

El color del dorso es grisáceo, con reflejos metálicos azulados, verdosos o negruzcos, mientras que se presenta más claro en los flancos y en el vientre, con destellos plateados.

La lubina nunca se aleja de la plataforma continental y permanece casi todo el tiempo en aguas superficiales, lo que choca con la vida sedentaria cerca del fondo -y a menudo dentro de cuevas y agujeros-, que lleva la mayoría de los miembros de la familia serranidae. Lo mismo puede decirse de su coloración, como hemos visto, más parecida a la de los peces pelágicos. Esta librea se encuentra en las Antípodas de los tonos terrosos, marrones o verdes que ostentan los demás serránidos y es característica de los peces de fondo. La lubina sería, por tanto, un serránido "nadador", perfectamente adaptado a la vida que lleva.

Estas diferencias morfológicas, causa y efecto de su distinto comportamiento, son las que -como decíamos al principio- han llevado a algunos autores a clasificarla en una familia distinta, la de los morónidos (moronidae), sin que, desde estas páginas, nos atrevamos a tomar partido por unos u otros.

En realidad, la lubina ("lupina"), la loba de la mar, se halla presente en todas nuestras costas y es bien conocida por muchos, pero nadie se pone de acuerdo acerca de los detalles que rodean a este misterioso y excitante pez. 

Esto mismo ocurre con aspectos referentes a su biología: Se afirma que es un pez migratorio, incluso un nadador vagabundo. Esto puede ser cierto en algunos casos, pero no podemos generalizar. Se ha comprobado que las lubinas se  desplazan periódicamente, concentrándose en determinados lugares por razones específicas, como la aparición de un gran bálamo de pececillos que recalen cerca de la costa, o los periodos de subida de las angulas en los estuarios, o la bajada de los esguines en los ríos salmoneros.

También ofrecen ciertos modelos de comportamiento gregario durante la freza, lo que ocasionaría asimismo desplazamientos más o menos masivos.  Queda patente, pues, que esta especie puede ofrecer un carácter, si no propiamente migratorio, sí por lo menos itinerante. 

Pero esto no quita para que nos encontremos ejemplares sedentarios, con comportamientos propios de pez territorial, o que vivan permanentemente en un lugar dado por la razón que sea.

La lubina es un pez carnívoro, como lo prueban su constitución y su boca y mandíbulas, un formidable depredador que admite una dieta variada. Así, ingiere muchos alimentos de distintas especies y tamaños, vivos o muertos, pero siempre muy frescos. Esta adaptabilidad a los distintos alimentos que componen su dieta natural, repercute de forma directa en la amplia gama de cebos que admite, tanto naturales como artificiales.
 

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