|
La
posibilidad de nuevas mareas negras permanece en el
horizonte marino como una borrasca invernal. Estamos
escuchando truenos y la sabemos cercana, casi inminente.
Los marinos, aun acostumbrados a vivir pendientes de
los elementos, han dado varios nudos al corazón
para que no les rompa las cuadernas del esqueleto.

Todo apunta a que esto no tiene un fin cercano y que
el cómputo del desastre superará cualquier
catástrofe imaginable.
Puestas así las cosas, cada uno hace lo puede:
los voluntarios, dejarse la piel en la costa; los marineros
dejarse la piel en la mar; los políticos responsables
de tomar decisiones, dejarse la piel en la televisión
prometiendo planes, ayudas, coordinación y supuestas
reformas legales.
Los planes tienen un algo de cuento de hadas. Vamos,
que recuerdan al mapa de la Isla del Tesoro: Fantásticos
planes en los que se cifran todas las esperanzas de
la Administración, pero que no parecen cuajar
en nada concreto.
Las ayudas, de momento, insuficientes, tanto en medios
como en dinero contante y sonante. Ya veremos en qué
queda todo.

La coordinación, con la reciente creación
de un comité científico y un acuerdo con
varias ONG´s, para el traslado y avituallamiento
de voluntarios llegados de toda España, esperamos
que dé resultados.
Respecto a las reformas pendientes, quedan muchos interrogantes
en el aire. ¿A qué reformas se refieren?
Básicamente, a lograr la prohibición de
navegar en ciertas aguas a ciertos buques, así
como a un mayor control de los mismos por parte de las
autoridades nacionales. Y ahora viene la pregunta del
millón: ¿Son estas reformas suficientes?
NO.
El problema de fondo lo constituyen los pabellones de
conveniencia y la dificultad por asociar el buque al
armador.
Veámoslo. La bandera de conveniencia (BDC) significa
que el barco está registrado en un país
distinto al de la compañía que lo posee.
Es decir, la empresa "X" es del país
"Y", pero su barco -a menudo su único
activo- está matriculado en el país "W".
Estos países "W" se caracterizan por
ser menos rigurosos en los controles, por poseer una
fiscalidad más ventajosa o, sencillamente, por
carecer de los medios y de la administración
marítima suficiente para controlar los buques
que han registrado. Como ejemplo de países "W",
citaremos algunos de los más importantes: Panamá,
Bahamas, Liberia, San Vicente, Antigua, etc.
Además, resulta verdaderamente difícil
pedir responsabilidades al armador cuando se produce
alguna tragedia marítima. Para empezar, porque
a veces ni siquiera se sabe con certeza quién
es, o bien se escuda tras un parapeto de sociedades
interpuestas en paraísos fiscales. En resumen:
que el problema de fondo es que no existe una responsabilidad
civil ajustada al daño que pueden causar, ni
seguro capaz de repararlo.
Entonces, se preguntarán algunos, ¿por
qué España, junto con el resto de los
países "desarrollados", no se pone
como una hiena en los foros internacionales para acabar
con este estado de cosas?

¿Por qué no pegan puñetazos en
las mesas internaciones hasta romperse las manos, para
erradicar las banderas de conveniencia?
Pues porque, aunque los barcos estén registrados
en estos países bananeros, las compañías
que los poseen y los capitales que los mantienen pertenecen
a los países desarrollados, incluido el nuestro.
Sin ir más lejos, cerca del 40% de los mercantes
españoles llevan pabellón de conveniencia.
Y esto incluye, por supuesto, los que fletan las empresas
petroleras, que los alquilan para minimizar riesgos
y magnificar ganancias. Sí, también las
españolas. Y sí, son antiguos. En concreto,
los petroleros españoles tienen en su mayoría
más de dos décadas. Y sí, son peligrosos.
Lo que ha pasado con el Prestige, podía haber
sucedido con cualquier otro. Podía haber pertenecido
o haber estado alquilado por cualquier empresa de esas
de las que somos clientes todos los que llenamos el
depósito del coche.
Por eso, cada vez que escucho a nuestros gobernantes
llenándose la boca con la cantidad de cosas que
van a cambiar y lo duros que se van a poner para controlar
el tráfico de estas bombas marítimas,
se me revuelven las tripas. Y lo peor de todo es que
necesito el coche y que, el muy hijoputa, sólo
come petróleo.
|