Por Javier García-Egocheaga

El desastre del Prestige. Parte 2.

La posibilidad de nuevas mareas negras permanece en el horizonte marino como una borrasca invernal. Estamos escuchando truenos y la sabemos cercana, casi inminente. Los marinos, aun acostumbrados a vivir pendientes de los elementos, han dado varios nudos al corazón para que no les rompa las cuadernas del esqueleto.


Todo apunta a que esto no tiene un fin cercano y que el cómputo del desastre superará cualquier catástrofe imaginable.
Puestas así las cosas, cada uno hace lo puede: los voluntarios, dejarse la piel en la costa; los marineros dejarse la piel en la mar; los políticos responsables de tomar decisiones, dejarse la piel en la televisión prometiendo planes, ayudas, coordinación y supuestas reformas legales.
Los planes tienen un algo de cuento de hadas. Vamos, que recuerdan al mapa de la Isla del Tesoro: Fantásticos planes en los que se cifran todas las esperanzas de la Administración, pero que no parecen cuajar en nada concreto.
Las ayudas, de momento, insuficientes, tanto en medios como en dinero contante y sonante. Ya veremos en qué queda todo.


La coordinación, con la reciente creación de un comité científico y un acuerdo con varias ONG´s, para el traslado y avituallamiento de voluntarios llegados de toda España, esperamos que dé resultados.
Respecto a las reformas pendientes, quedan muchos interrogantes en el aire. ¿A qué reformas se refieren? Básicamente, a lograr la prohibición de navegar en ciertas aguas a ciertos buques, así como a un mayor control de los mismos por parte de las autoridades nacionales. Y ahora viene la pregunta del millón: ¿Son estas reformas suficientes? NO.
El problema de fondo lo constituyen los pabellones de conveniencia y la dificultad por asociar el buque al armador.
Veámoslo. La bandera de conveniencia (BDC) significa que el barco está registrado en un país distinto al de la compañía que lo posee. Es decir, la empresa "X" es del país "Y", pero su barco -a menudo su único activo- está matriculado en el país "W".
Estos países "W" se caracterizan por ser menos rigurosos en los controles, por poseer una fiscalidad más ventajosa o, sencillamente, por carecer de los medios y de la administración marítima suficiente para controlar los buques que han registrado. Como ejemplo de países "W", citaremos algunos de los más importantes: Panamá, Bahamas, Liberia, San Vicente, Antigua, etc.
Además, resulta verdaderamente difícil pedir responsabilidades al armador cuando se produce alguna tragedia marítima. Para empezar, porque a veces ni siquiera se sabe con certeza quién es, o bien se escuda tras un parapeto de sociedades interpuestas en paraísos fiscales. En resumen: que el problema de fondo es que no existe una responsabilidad civil ajustada al daño que pueden causar, ni seguro capaz de repararlo.
Entonces, se preguntarán algunos, ¿por qué España, junto con el resto de los países "desarrollados", no se pone como una hiena en los foros internacionales para acabar con este estado de cosas?


¿Por qué no pegan puñetazos en las mesas internaciones hasta romperse las manos, para erradicar las banderas de conveniencia?
Pues porque, aunque los barcos estén registrados en estos países bananeros, las compañías que los poseen y los capitales que los mantienen pertenecen a los países desarrollados, incluido el nuestro. Sin ir más lejos, cerca del 40% de los mercantes españoles llevan pabellón de conveniencia. Y esto incluye, por supuesto, los que fletan las empresas petroleras, que los alquilan para minimizar riesgos y magnificar ganancias. Sí, también las españolas. Y sí, son antiguos. En concreto, los petroleros españoles tienen en su mayoría más de dos décadas. Y sí, son peligrosos.
Lo que ha pasado con el Prestige, podía haber sucedido con cualquier otro. Podía haber pertenecido o haber estado alquilado por cualquier empresa de esas de las que somos clientes todos los que llenamos el depósito del coche.
Por eso, cada vez que escucho a nuestros gobernantes llenándose la boca con la cantidad de cosas que van a cambiar y lo duros que se van a poner para controlar el tráfico de estas bombas marítimas, se me revuelven las tripas. Y lo peor de todo es que necesito el coche y que, el muy hijoputa, sólo come petróleo.

 
 

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