Los
ríos de Cantabria se mueren.
Los cursos fluviales
del este de Cantabria se mueren. O mejor, los matan.
Estoy hablando de pequeños ríos trucheros, como el de
Sámano, que desemboca en la playa de Brazomar, en Castro
Urdiales, o de otros de cierto porte, como el Agüera,
que se funde con la mar en la idílica bahía de Oriñón:
Ríos en los que se encontraban salmónidos autóctonos
en todo su recorrido, que, pese a sistemáticos maltratos,
siempre tenían esa trucha que saltaba en un remanso
o ese reo plateado que aguardaba en algún apostadero
estratégico.
Pues esto
se acabó, señores. Las corrientes cristalinas han dado
paso a negros flujos, a aguas podridas de pestilente
olor, que ahora son remontadas únicamente por mugílidos
(¿hasta cuándo aguantarán estos resistentes peces? ¿Hasta
dónde podrán soportar?) y por ratas de alcantarilla.
Y es que son las alcantarillas, precisamente, las que
ahora jalonan estos cursos fluviales, porque la
administración se tapa la nariz y mira hacia otro -hacia
ningún- lado.
Mientras el
gobierno regional veda en su totalidad el río de Brazomar,
-¿qué pretende proteger?- en su ribera se siguen construyendo
una miríada de chalés adosados que utilizan el río y
sus afluentes como red de alcantarillado y pozo séptico.
Mientras se anuncia la repoblación del Agüera
con alevines de salmón, el ayuntamiento repuebla sus
márgenes -a la altura de Guriezo- con un sinfín de viviendas.
¿Instalar colectores de residuos? ¿Para qué? ¿Para que
el río no huela demasiado mal? Bueno, qué más da, si
el olor se lo lleva el viento y las defecaciones flotantes,
el agua, que es la vida y que va a dar a la mar, que,
a juicio del poeta, es el morir. Ya saben... ¡Qué manriqueños
han resultado estos munícipes sin escrúpulos! Lo importante
es construir, que es lo que deja dinero y engorda los
bolsillos locales. Respecto al río... Es la alcantarilla
perfecta, con tarifa plana y de vía ancha. ¡Qué de puta
madre!
Javier García-Egocheaga. Cantabria.
|