Este es un sencillo montaje que funciona
para muchas especies de predadores en distintas condiciones.
Es realmente bueno para lubinas, pero también podemos
aplicarlo a otros predadores, tanto de agua dulce
como salada.
El
efecto que produce es un pequeño banco de pececillos
asustados por su escaso número,
que buscan con ahínco al grueso del bálamo.
Además, al pasar uno tras otro delante de los sentidos
del predador, provoca su ataque inmediato.
En
este caso hemos puesto dos pececillos de goma; no
obstante, lo he utilizado con anguilones, en aguas
salobres, y con lombrices o culebrillas de vinilo,
en pantano, para el bass. Podemos, asimismo, emplear
tres señuelos e incluso más, aunque debemos tener
en cuenta que, a mayor número de señuelos, más facilidad
de enredar el aparejo y más incómodos resultarán los
lances.
Aparte
de su efectividad, la otra ventaja es que utilizamos
señuelos baratos, como son los mencionados anguilones
de goma o vinilos. El plomo que ponemos depende de
a la profundidad o a la velocidad que queramos que
trabaje el aparejo, o bien, el lastre que necesitemos
para el lanzado.
En
este caso concreto, he cortado un plomo de oliva corredizo
y he utilizado la parte mayor en el inicio del aparejo
y he reservado un poco de plomo para el último señuelo,
de cara a poder lanzar sin que se enrede.
En
realidad, cuanto menos plomo pongamos al final, mejor
controlaremos la natación de los señuelos y mayor
naturalidad conseguiremos.
Este
montaje es sencillo. Si lo queremos hacer con dos
señuelos procederemos de la siguiente manera: empatamos
un anzuelo, pero sin cortar el sedal que sobra por
abajo. Ahí ponemos un pequeño plomo corredizo y empatamos
el segundo anzuelo.
En
este segundo anzuelo, ponemos un señuelo. Ahora tomamos
el sedal y, por la parte de arriba, pasamos el otro
señuelo y luego el plomo. Por último, cerramos el
aparejo dando un nudo al quitavueltas.
Es
conveniente que todo vaya en la misma línea, es decir,
sin más nudos que los de empate.