Pescando con hormigas.

Por J.J. Ulrak. Fotografías y texto. ulrack@teleline.es

 

La hormiga con alas, o menor, su imitación, constituye una mosca artificial polivalente y que no suele fallar.

 

Así sucedió la semana pasada, en un pequeño río cántabro con bastante trucha, pero muy recelosa. Tras anudar media caja de moscas sin ningún resultado, nos decidimos por las socorridas hormiguitas, montadas sobre anzuelos del núm. 22 que pronto comenzaron a mover esas truchas que hasta entonces habían hecho caso omiso al resto de nuestras moscas.

Y es que con poco agua, escasa corriente y un entorno degradado y humanizado, las truchas se vuelven muy desconfiadas, por lo que necesitamos aguzar el ingenio y ofrecerles algo que o bien, sea lo mismo que están comiendo, o algo que su memoria guarde como delicioso.

 

Puesto que se estaban cebando a unos minúsculos mosquitos de poco más de un milímetro de largo, nuestros artificiales montados sobre anzuelos del núm. 22 les debían parecer monstruos peludos.

Así que, una vez desechada la primera opción que generalmente pasa por ofrecerles lo más parecido a lo que vemos en el río, tuvimos que pensar en cómo hacerles picar a otra cosa aunque no se pareciese en nada. Y eso resultaron ser las hormiguitas.

El río bajaba muy remansado, con las piedras cubiertas de algas viscosas producto de la eutrofización, y las truchas tenían más alimento sobre la superficie que el que podían comer. Por cierto, que estas truchas son las auténticas truchas, de las pocas que quedan en nuestra península que no han sufrido variaciones genéticas, pues en estos riachuelos cántabros nunca se han producido repoblaciones y, de ahí que podamos encontrar todavía truchas comunes “puras”.

Por eso duele tanto ver cómo se destruye este patrimonio piscícola y ambiental por culpa de vertidos de todo tipo, y cómo los ayuntamientos responsables de su cuidado –en este caso el de Castro-Urdiales- permiten que se contamine hasta convertir su curso en una alcantarilla fecal.

Pero sigamos con la pesca. El caso es que, poco a poco, las hormiguitas comenzaron a mover a las truchas y las picadas, a medida que caía la tarde se sucedían con mayor frecuencia.

Clavamos casi una docena de truchas, generalmente pequeñas, y un reo. Utilizamos cañas de 7 pies, cola de rata (dt) del núm. 5 cónica decurrente, y en el bajo, un trenzado flotante del núm.1 y de 1.80 m. de longitud. Para terminar, cuatro tramos de sedal de 30 cm. comenzando por el 0.16 y terminando con uno de medio metro del 0.10.

Sólo pescando tan fino se puede engañar a estas pintonas autóctonas, que regresaron al agua después de ofrecer buenas peleas.

Lo lastimoso de todo esto es que, hace tres días, este río sufrió un nuevo vertido de aguas fecales y vi muchas truchas muertas. Hasta alguna anguila yacía panza arriba en el fondo, con lo que se puede entender las proporciones o la virulencia del vertido. ¡Pobre peces que se salvaron del pescador, pero no del veneno!

El término municipal donde se produjo dicho vertido es el de Castro-Urdiales, a sólo unos cientos de metros de la desembocadura que forma la playa de esta conocida población turística.

 

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