Las truchas del Asón.

Por J.J. Ulrak. Fotografías y texto. ulrack@teleline.es

 

El río Asón, tradicionalmente uno de los mejores ríos de España, ha caído en desgracia para muchos pescadores que ya hace años que no lo frecuentan.

 

¿Las razones? Se lo pueden imaginar: la falta de peces. Y es que, si es verdad que en el Asón hay “de todo”, es decir, salmones, reos, truchas comunes (y alguna arco iris escapada de la piscifactoría), sábalos y barbos, entre otras especies menores, también hay que decir que hay poco de todo.

No obstante, este río que cuenta con muchos cotos de salmón y mucho sitio libre para la trucha, siempre nos puede deparar alguna sorpresa interesante. Es decir, que, aunque es difícil hacer el cupo de truchas en cualquiera de sus tramos, sabemos que, aunque pocas, “haberlas, haylas”.

Lo que sí es cierto es que, muchos días clavaremos más pintos de salmón que truchas, y salvo algún truchón esporádico, lo que abundan son especímenes que dan justito la medida. En otras palabras: que, aunque legales, son de forzosa devolución para cualquier pescador con un mínimo sentido común, por no decir otra cosa.

 

Quizás su coto estrella, el de Arredondo, un coto tradicional de trucha, se esté resintiendo toda la temporada del campeonato de pesca que se llevó a cabo en sus aguas hará unas tres semanas. Pero no debemos olvidar que el Asón es mucho río y que, pese a la merma evidente que ha sufrido en las últimas décadas, cuenta con una población estable de trucha autóctona apreciable.

Lo que ocurre es que el maltrato sistemático que sufre este río hace que esta población se encuentre muy disminuida y que, por tanto, las típicas capturas que nos deparó el Asón hayan pasado a la historia. La última agresión importante de la que tenemos constancia, se ha producido con motivo de las obras de una carretera comarcal, lo que ha vertido gran cantidad de piedra, gravilla y tierra al río. En fin, que, cuando no es una cosa es otra.

Pero el Asón se defiende como gato panza arriba y todavía podemos pescar truchas autóctonas, aquellos a los que no nos gustan los cotos y preferimos ir a lo libre.

Además, goza de sitios muy bellos y de fácil acceso, tramos anchos, sin obstáculos, y donde se puede lanzar cómodamente y dejar volar nuestra cola de rata tanto como queramos. Lugares muy agradables para la pesca y que invitan a vadearlos con tranquilidad. Y siempre con la certeza de que, en cualquiera de ellos, puede estar apostada una gran trucha autóctona que premiará nuestra paciencia.


Desanzuelando y devolviendo al río una pequeña trucha. El captura y suelta es algo obligatorio para su supervivencia.

 

Por último, yo pediría a todos los colegas de afición que, dada la escasez de ejemplares que el Asón viene presentando en los últimos años, hagamos un esfuerzo por devolver al agua a todos los que podamos. Por lo menos a los de escasa talla, que, como he comentado, son la mayoría.

Muchas gracias, y suerte.

 

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