¿Las
razones? Se lo pueden imaginar: la falta de peces.
Y es que, si es verdad que en el Asón hay “de todo”,
es decir, salmones, reos, truchas comunes (y alguna
arco iris escapada de la piscifactoría), sábalos y
barbos, entre otras especies menores, también hay
que decir que hay poco de todo.
No
obstante, este río que cuenta con muchos cotos de
salmón y mucho sitio libre para la trucha, siempre
nos puede deparar alguna sorpresa interesante. Es
decir, que, aunque es difícil hacer el cupo de truchas
en cualquiera de sus tramos, sabemos que, aunque pocas,
“haberlas, haylas”.
Lo que sí es cierto es que, muchos
días clavaremos más pintos de salmón que truchas,
y salvo algún truchón esporádico, lo que abundan
son especímenes que dan justito la medida. En otras
palabras: que, aunque legales, son de forzosa
devolución para cualquier pescador con un mínimo sentido
común, por no decir otra cosa.

Quizás
su coto estrella, el de Arredondo, un coto tradicional
de trucha, se esté resintiendo toda la temporada del
campeonato de pesca que se llevó a cabo en sus aguas
hará unas tres semanas. Pero no debemos olvidar que
el Asón es mucho río y que, pese a la merma evidente
que ha sufrido en las últimas décadas, cuenta con
una población estable de trucha autóctona apreciable.
Lo
que ocurre es que el maltrato sistemático que sufre
este río hace que esta población se encuentre muy
disminuida y que, por tanto, las típicas capturas
que nos deparó el Asón hayan pasado a la historia.
La última agresión importante de la que tenemos constancia,
se ha producido con motivo de las obras de una carretera
comarcal, lo que ha vertido gran cantidad de piedra,
gravilla y tierra al río. En fin, que, cuando no es
una cosa es otra.
Pero
el Asón se defiende como gato panza arriba y todavía
podemos pescar truchas autóctonas, aquellos a los
que no nos gustan los cotos y preferimos ir a lo libre.
Además,
goza de sitios muy bellos y de fácil acceso, tramos
anchos, sin obstáculos, y donde se puede lanzar cómodamente
y dejar volar nuestra cola de rata tanto como queramos.
Lugares muy agradables para la pesca y que invitan
a vadearlos con tranquilidad. Y siempre con la certeza
de que, en cualquiera de ellos, puede estar apostada
una gran trucha autóctona que premiará nuestra paciencia.

Desanzuelando y
devolviendo al río una pequeña trucha. El captura
y suelta es algo obligatorio para su supervivencia.
Por
último, yo pediría a todos los colegas de afición
que, dada la escasez de ejemplares que el Asón viene
presentando en los últimos años, hagamos un esfuerzo
por devolver al agua a todos los que podamos. Por
lo menos a los de escasa talla, que, como he comentado,
son la mayoría.
Muchas
gracias, y suerte.