Pesca del bass en aguas someras.  
Fotografías y texto por Eduardo Labaronnie Bisignano eduardolab@yahoo.com

 

Era el jueves 17 de febrero del presente año y todavía estábamos en la oficina. El avión partía a las 18 horas y parecía que los minutos no pasaban. Finalmente llegó la hora señalada. Luego de un vuelo tranquilo llegamos a la ciudad de Neuquen, capital de la provincia homónima.

 

En el aeropuerto alquilamos un auto y salimos rumbo a la aventura. La noche estaba ya sobre nosotros, y la luna llena nos iluminaba. Ya en la ruta comenzamos a hacer contacto con la fauna; liebres, zorros y ciervos colorados.

Finalmente llegamos a Junín de los Andes (Prov. del Neuquen), buscamos la Hostería que está ubicada junto al río Chimehuin; cumplimos con el rito de tocar el agua a modo de saludo y nos fuimos a dormir.

 Hacia arriba estaba la “Garganta del Diablo”, que marca el fin de la zona preferencial. Por lo que nos dirigimos río abajo buscando posones y correderas donde pudieran estar las truchas, que de hecho las encontramos, pero todas de reducido tamaño. En un momento Fernando sintió que algo andaba entre sus piernas, para su sorpresa era una arco iris que ni se inmutó cuando le paseó la mosca por delante

El día comenzó bien temprano, cargamos agua para el  “mate” y salimos, fue cuando nos dimos cuenta que no teníamos ni idea de donde estaba el lago Huechulafquen, que era donde haríamos nuestros primeros lances. Preguntamos a un gaucho, que nos informó al respecto y luego de 22 Km. Estábamos entrando al Parque nacional Lanin. El paisaje es realmente impactante, el camino serpentea entre las montañas y luego de una curva aparece el lago y la boca del río Chimehuin, como fondo del paisaje, el volcán Lanin con su cumbre nevada.

Entramos al agua y comenzamos los lances con cucharas ondulantes y giratorias, sin obtener la menor respuesta, cambiamos por otros artificiales (imitaciones de peces)y finalmente optamos por la boyita para probar con moscas. Esto generaba un nuevo desafío, ya que por ser nuestra primera experiencia con salmónidos, nunca antes habíamos usado moscas para pescar.

Luego de una hora aproximadamente de lanzar las moscas y recogerlas de la forma mas variada para tentar a las truchas, tuve un pique. En ese momento se me paró el corazón, para colmo en sus saltos amenazaba con desprenderse del anzuelo. Recogí si darle muchas oportunidades,  hasta poder tomarla con la mano. Era una arco iris de unos 25 cm de largo, le desenganché el anzuelo y la liberé. Listo, ahora  ya había pescado mi primera trucha y podía, con la próxima, actuar mas tranquilo, disfrutarla y darle alguna chance.

Al mediodía salimos del agua a comer algo, Fernando no había tenido siquiera un pique y yo solo había pescado una, la primera, la que nunca olvidaré.

Mientras almorzábamos observé que en una pequeña bahía los peces estaban comiendo insectos en la superficie. Comenzamos a lanzar a este lugar, por fin Fernando tuvo su tan ansiado pique, con otra arco iris, foto de por medio retornó al agua. Ya habíamos pagado el viaje; estábamos en la Patagonia con su majestuoso paisaje y los dos habíamos pescado. Seguimos pescando en esta pequeña bahía con mas capturas por parte de Fernando, por lo que decidí poner la misma mosca que él, al sacarla de la caja se me cayó al agua y ahí debe de estar ahora.

Cuando se cortó el pique en este sector, decidimos ir a conocer otros lugares, entonces nos dirigimos a la famosa Boca de Chimehuin, según el Reglamento de Pesca Deportiva Continental Patagónico este lugar es Zona Preferencial, por lo que exige un permiso adicional y como técnica de pesca exclusiva la mosca, así que fuimos miramos el lugar, prometimos volver mas adelante con los equipos y permisos adecuados (nadie nos vigilaba, pero si uno mismo no se controla...) y nos fuimos fuera de la zona prohibida para hacer unos lances. 

Como los resultados fueron malos dejamos el lago para ir a conocer el río. Para esto había un pequeño inconveniente, en el camino paralelo al río había varias puertas de acceso a pesqueros, pero estaban todas cerradas con candado. Por suerte encontramos un guarda parques que nos indicó que dejáramos el auto a la vera del camino y entráramos caminando. Luego de andar entre espinillos por un buen rato llegamos a por fin a la orilla del río, si el paisaje del lago era lindo no se imaginan esto.  

Luego de recorrer unos 600m del río decidimos irnos, ya que la idea era estar pescando en el lago a la caída de sol. El agua estaba planchada, era increíble ver en la superficie a los insectos, después me enteré que esto se llama Match de Hatch, o algo por el estilo.  Puse en práctica lo que había aprendido de las revistas y comencé a lanzar la mosca en los lugares donde los borbollones denunciaban que las truchas estaban alimentándose. De esta manera capturé una perca (especie autóctona) de muy buen porte, que cuando picó me hizo pensar que era la trucha que andaba buscando.

Para todo esto, el sol comenzó a caer entre las montañas, tiñendo el paisaje de un amarillo ambar. Mientras esto sucedía, pensaba que ayer estaba en medio de la ciudad y hoy en uno de los lugares mas lindos de mi pais, pescando con mi primo. Di las gracias por todo y me concentré en la pesca. Había reservado una mosca verde oliva para esta hora, la selección fue hecha sobre la base de dos características: era la más grande, y como dice un guía de pesca amigo “carnada grande pescado grande”; por otra parte, al mojarse se veía oscura y con los señuelos comprobé que los oscuros rinden muy bien al atardecer. Luego me enteré que esta mosca era una Wolly Bugger, una de las más recomendadas en esta zona. Llené de agua la boya para que no flote creando una estela en la superficie y comencé a lanzar y recoger dando pequeños golpes con la puntera de la caña, de esta manera la mosca se movía de forma tentadora, al menos eso creía yo. De esta forma logré capturar varios ejemplares, pero nada del otro mundo, por eso decidí agregarle alternativas a la forma en que recogía el artificial, daba golpes más largos, incluía pausas en la tracción, o aceleraba los movimientos.

Fue cuando sentí un fuerte pique, la caña se arqueó mucho lo que me indicó que el pez era grande y acto seguido el reel comenzó a ceder nylon. En ese momento un cosquilleo recorrió mi cuerpo. Primero nado hacia mí, lo que me obligó a recoger rápidamente para mantener la línea siempre tensa, luego hizo un par de corridas hacia los lados. Al cabo de un rato se entregó, nos sacamos una foto juntos, le tomé la medida y la devolví al agua.

Sé perfectamente que este pez no es ningún récord, y menos en este célebre lugar donde se han pescado ejemplares de hasta 11kg, pero esta fue una experiencia que nunca olvidaré y en lo que a mí respecta este pez será la meta a superar en la próxima excursión, para la que ya me  estoy preparando.

Seguramente los pescadores mas experimentados que lean este artículo no encontraran información importante, pero quizás les ayude a recordar sus primeras salidas y experiencias, y a los principiantes como yo les enseñe que todos empezamos a los tumbos, cometiendo errores y aprendiendo de ellos.

 

 

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