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| Pesca del bass
en aguas someras. |
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Era el jueves 17 de febrero del presente año
y todavía estábamos en la oficina. El avión partía
a las 18 horas y parecía que los minutos no pasaban.
Finalmente llegó la hora señalada. Luego de un vuelo
tranquilo llegamos a la ciudad de Neuquen, capital
de la provincia homónima.
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En el aeropuerto alquilamos un auto y salimos rumbo
a la aventura. La noche estaba ya sobre nosotros,
y la luna llena nos iluminaba. Ya en la ruta comenzamos
a hacer contacto con la fauna; liebres, zorros y ciervos
colorados.
Finalmente llegamos a Junín de los Andes (Prov. del
Neuquen), buscamos la Hostería que está ubicada junto
al río Chimehuin; cumplimos con el rito de tocar el
agua a modo de saludo y nos fuimos a dormir.
Hacia
arriba estaba la “Garganta del Diablo”, que marca
el fin de la zona preferencial. Por lo que nos dirigimos
río abajo buscando posones y correderas donde pudieran
estar las truchas, que de hecho las encontramos, pero
todas de reducido tamaño. En un momento Fernando sintió
que algo andaba entre sus piernas, para su sorpresa
era una arco iris que ni se inmutó cuando le paseó
la mosca por delante
El día
comenzó bien temprano, cargamos agua para el
“mate” y salimos, fue cuando nos dimos cuenta
que no teníamos ni idea de donde estaba el lago Huechulafquen,
que era donde haríamos nuestros primeros lances. Preguntamos
a un gaucho, que nos informó al respecto y luego de
22 Km. Estábamos entrando al Parque nacional Lanin.
El paisaje es realmente impactante, el camino serpentea
entre las montañas y luego de una curva aparece el
lago y la boca del río Chimehuin, como fondo del paisaje,
el volcán Lanin con su cumbre nevada.
Entramos
al agua y comenzamos los lances con cucharas ondulantes
y giratorias, sin obtener la menor respuesta, cambiamos
por otros artificiales (imitaciones de peces)y finalmente
optamos por la boyita para probar con moscas. Esto
generaba un nuevo desafío, ya que por ser nuestra
primera experiencia con salmónidos, nunca antes habíamos
usado moscas para pescar.
Luego de una hora aproximadamente de lanzar las moscas
y recogerlas de la forma mas variada para tentar a
las truchas, tuve un pique. En ese momento se me paró
el corazón, para colmo en sus saltos amenazaba con
desprenderse del anzuelo. Recogí si darle muchas oportunidades,
hasta poder tomarla con la mano. Era una arco
iris de unos 25 cm de largo, le desenganché el anzuelo
y la liberé. Listo, ahora
ya había pescado mi primera trucha y podía,
con la próxima, actuar mas tranquilo, disfrutarla
y darle alguna chance.
Al mediodía
salimos del agua a comer algo, Fernando no había tenido
siquiera un pique y yo solo había pescado una, la
primera, la que nunca olvidaré.
Mientras
almorzábamos observé que en una pequeña bahía los
peces estaban comiendo insectos en la superficie.
Comenzamos a lanzar a este lugar, por fin Fernando
tuvo su tan ansiado pique, con otra arco iris, foto
de por medio retornó al agua. Ya habíamos pagado el
viaje; estábamos en la Patagonia con su majestuoso
paisaje y los dos habíamos pescado. Seguimos pescando
en esta pequeña bahía con mas capturas por parte de
Fernando, por lo que decidí poner la misma mosca que
él, al sacarla de la caja se me cayó al agua y ahí
debe de estar ahora.
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| Cuando se cortó el
pique en este sector, decidimos ir a conocer otros lugares,
entonces nos dirigimos a la famosa Boca de Chimehuin,
según el Reglamento de Pesca Deportiva Continental Patagónico
este lugar es Zona Preferencial, por lo que exige un
permiso adicional y como técnica de pesca exclusiva
la mosca, así que fuimos miramos el lugar, prometimos
volver mas adelante con los equipos y permisos adecuados
(nadie nos vigilaba, pero si uno mismo no se controla...)
y nos fuimos fuera de la zona prohibida para hacer unos
lances.
Como los resultados fueron malos dejamos el lago
para ir a conocer el río. Para esto había un pequeño
inconveniente, en el camino paralelo al río había varias
puertas de acceso a pesqueros, pero estaban todas cerradas
con candado. Por suerte encontramos un guarda parques
que nos indicó que dejáramos el auto a la vera del camino
y entráramos caminando. Luego de andar entre espinillos
por un buen rato llegamos a por fin a la orilla del
río, si el paisaje del lago era lindo no se imaginan
esto.
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Luego de recorrer unos 600m del río decidimos irnos,
ya que la idea era estar pescando en el lago a la
caída de sol. El agua estaba planchada, era increíble
ver en la superficie a los insectos, después me enteré
que esto se llama Match de Hatch, o algo por el estilo.
Puse en práctica lo que había aprendido de
las revistas y comencé a lanzar la mosca en los lugares
donde los borbollones denunciaban que las truchas
estaban alimentándose. De esta manera capturé una
perca (especie autóctona) de muy buen porte, que cuando
picó me hizo pensar que era la trucha que andaba buscando.
Para todo esto, el sol comenzó a caer entre las montañas,
tiñendo el paisaje de un amarillo ambar. Mientras
esto sucedía, pensaba que ayer estaba en medio de
la ciudad y hoy en uno de los lugares mas lindos de
mi pais, pescando con mi primo. Di las gracias por
todo y me concentré en la pesca. Había reservado una
mosca verde oliva para esta hora, la selección fue
hecha sobre la base de dos características: era la
más grande, y como dice un guía de pesca amigo “carnada
grande pescado grande”; por otra parte, al mojarse
se veía oscura y con los señuelos comprobé que los
oscuros rinden muy bien al atardecer. Luego me enteré
que esta mosca era una Wolly Bugger, una de las más
recomendadas en esta zona. Llené de agua la boya para
que no flote creando una estela en la superficie y
comencé a lanzar y recoger dando pequeños golpes con
la puntera de la caña, de esta manera la mosca se
movía de forma tentadora, al menos eso creía yo. De
esta forma logré capturar varios ejemplares, pero
nada del otro mundo, por eso decidí agregarle alternativas
a la forma en que recogía el artificial, daba golpes
más largos, incluía pausas en la tracción, o aceleraba
los movimientos.
Fue cuando sentí un fuerte pique, la caña se arqueó
mucho lo que me indicó que el pez era grande y acto
seguido el reel comenzó a ceder nylon. En ese momento
un cosquilleo recorrió mi cuerpo. Primero nado hacia
mí, lo que me obligó a recoger rápidamente para mantener
la línea siempre tensa, luego hizo un par de corridas
hacia los lados. Al cabo de un rato se entregó, nos
sacamos una foto juntos, le tomé la medida y la devolví
al agua.
Sé perfectamente que este pez no es ningún récord,
y menos en este célebre lugar donde se han pescado
ejemplares de hasta 11kg, pero esta fue una experiencia
que nunca olvidaré y en lo que a mí respecta este
pez será la meta a superar en la próxima excursión,
para la que ya me
estoy preparando.
Seguramente los pescadores mas experimentados
que lean este artículo no encontraran información importante,
pero quizás les ayude a recordar sus primeras salidas
y experiencias, y a los principiantes como yo les enseñe
que todos empezamos a los tumbos, cometiendo errores
y aprendiendo de ellos.
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