Lo
mejor es emplear un número variable de varas, entre
cuatro y una docena.
Se
introducen las varas y se dejan unos minutos, antes
de intentarlo en otro sitio. Si percibimos unas violentas
vibraciones es que el pez está clavado y se debate
frenéticamente.
No
hay peligro de que escape, pues la barbuda traga hasta
el fondo y hace que el anzuelo se clave sólida y profundamente.
Para
conocer la picada, sólo hay que observar periódicamente
las varas, pues estás se agitarán mientras el animal
trata de arrastrarlas a lo más profundo de su guarida.
Entonces
tiramos del extremo del bambú y cobramos la pieza,
que, aunque de modesta talla, será siempre sabrosa
y de un delicado sabor marino.
Sus
carnes son apreciadas por su exquisito gusto, aunque
su reducido tamaño hace que no sea un pez de interés
comercial.