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| Cebos para lábridos. |
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No cabe duda de que, los gusanos o "gusana",
como se llama a los anélidos de mar en algunos
puntos de nuestra geografía, constituyen uno
de los mejores bocados que podemos ofrecerles, y son
aceptados, de forma casi universal, por todos y cada
uno de las especies que componen la familia de los
lábridos. Pero esta amplia familia de peces
marinos come muchos otros alimentos, que también
podrán servirnos de cebo, a veces a un precio
mucho más económico.
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Vayamos por partes, ¿qué comen los
lábridos? Mejor aún, comenzaremos enumerando
aquello que no comen: peces ni cefalópodos.
En otras palabras, los lábridos no son ictívoros,
por lo que rechazan cualquier carnada constituida
por pescado. Esto incluye desde peces vivos, hasta
pedazos de peces muertos. Así pues, cebos tan
reputados como los trozos de sardina, de boquerón,
etcétera, o bien tiras de calamar o de pulpo,
serán del todo inconvenientes para su pesca.
Por supuesto, tampoco atacarán a los señuelos
artificiales para mar, que simulan, en su mayoría,
pequeños peces. A los lábridos les gustan
los cebos vivos, puesto que no son en absoluto carroñeros,
pero en su dieta -repetimos- está ausente cualquier
tipo de pescado. Sin embargo, sí comen un buen
número -por no decir casi todos-, de los animalillos
que pueblan las franjas litorales de nuestras costas.
Estamos hablando de cangrejillos, anélidos
(gusanos), pequeños moluscos abiertos, quisquillas,
pulgas de mar, etcétera.
Como vemos la lista es amplia, pero los pescadores
deportivos, salvo pocas excepciones, usan, casi invariablemente
el mismo tipo de carnada: anélidos marinos.
No obstante, esto no quita para que existan diferencias
entre los muchos tipos de anélidos, vulgarmente
conocidos como "gusana" o limbrices de mar,
de que podemos disponer, pero no quería desperdiciar
la oportunidad de reseñar algunos otros cebos
que, igualmente efectivos, no son tan empleados para
capturar estos peces. Me refiero, sobre todo, a los
pequeños crustáceos, fáciles de
capturar con la bajamar y realmente productivos en el
anzuelo. |
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| El primero de ellos,
y sin duda, el más empleado sería la quisquilla
(Leander aquilla ), no confundir con el camarón
(Palaemon serratus) de mayores dimensiones y pelín
grande para la boca de la mayoría de los lábridos,
si exceptuamos las mayores maragotas o durdos.
El uso de la quisquilla, pese a ser
un cebo muy utilizado por los pescadores de escollera,
a veces está circunscrito, casi exclusivamente,
a la pesca de espáridos con el agua movida. No
hay duda de que este empleo tiene su fundamento, pues
es quizás lo mejor que podemos encarnar en el
anzuelo si perseguimos sargos o mojarras con el agua
gorda. |
Pero
no debemos olvidar que, al igual que estos espáridos,
lo lábridos cazan en los mismos ecosistemas litorales,
aventurándose en aguas poco profundas para capturar
estos pequeños crustáceos. La única
diferencia estriba en que los lábridos, a diferencia
de los sargos, prefieren las aguas quietas o de corriente
moderada y cristalinas para alimentarse. Pero su alimento,
en este caso las quisquillas que buscan en los pozos
tildales tan pronto como la marea se lo permite, es
el mismo. Por tanto, unas quisquillas vivas en un aparejo
de lábridos, serán tan efectivas como
en un aparejo de sargos. No desaprovechemos la oportunidad
de ofrecérselas.
Del mismo modo, habitualmente nos olvidamos
de los cangrejos cuando pretendemos pescar lábridos.
¿Por qué? Pues porque asociamos a los
cangrejos a los grandes espáridos de dentadura
poderosa y fuertes mandíbulas. Pero, ahora viene
la pregunta del millón: ¿es que todos
los cangrejos son grandes y duros? Pues no: lógicamente
los cangrejos no nacen midiendo cinco centímetros
de largo y con unas poderosas pinzas. Entonces, ¿por
qué no probamos a encarnar con los más
pequeñitos, esos que encajan como un guante en
nuestro minúsculo anzuelo? Por desconocimiento,
sin duda. Repárese en que estos cangrejillos,
por un lado, son más frecuentes y fáciles
de atrapar que sus hermanos mayores y, además
de más pequeños, generalmente más
blandos, más aptos, en suma, para las fauces
de los lábridos. |
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Respecto
a los cangrejos de mayores dimensiones, si damos con
ellos cuando están mudando, podemos llevarnos
gratas sorpresas, y no sólo me refiero ahora
a los lábridos, sino también a especies
tan perseguidas como la lubina. El cangrejo blando es
uno de los mejores cebos para el durdo o la maragota,
incluso partido en pedazos que se adecuen al tamaño
de nuestro anzuelo, funciona a las mil maravillas.
Y, hablando de cangrejos, nunca debemos olvidarnos de
ese gran cebo, sin duda uno de los mejores para todas
las especies de roca, que es el cangrejo ermitaño.
En España contamos con dos especies:
el cangrejo ermitaño, digamos, "normal"
(Eupagurus bernhardus) y otra, endémica del Mediterráneo,
a la que se conoce como "ermitaño gigante".
Esta última es bastante empleada como cebo, sobre
todo entre los palangreros profesionales de bajura muchos
puertos del sur peninsular, pero estos ejemplares, magníficos
para capturar, por ejemplo, grandes espáridos,
suelen ser demasiado grandes para la mayoría
de los lábridos. En cambio, los otros ermitaños
-los pequeños, vaya-, son ideales para aquel
aparejo que persiga julias, tordos, gayanos o cualquier
otro labro que se tercie.
Respecto al cangrejo ermitaño
-también conocido como caracol bruja-, los profanos
deben saber que, obviamente, no se trata de un molusco
gasterópodo, sino de un crustáceo. Entonces,
se preguntará alguno, "¿cómo
así tiene concha?". La respuesta es simple:
la roba. Se la roba, por supuesto, a un caracol de verdad,
a un verdadero gasterópodo, que estaba en el
fondo llevando una vida, suponemos plácida, de
molusco, hasta que muere y es despojado de su casa,
o lo matan y es despojado de su casa, que aunque no
es igual, es parecido. El caso es que uno se queda sin
parte de su cuerpo y el otro se apropia de él.
En nuestro caso vendría a ser como si alguien
se quedase con nuestra piel y nuestro esqueleto, lo
cual suena muy terrorífico y muy grunch, aunque
ya se sabe que las comparaciones son odiosas. |
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Digo esto, porque aliviará problemas de conciencia
al aficionado que decida emplear ermitaños
como carnada, para lo cual tendrá que hacer
salir al animalillo de su concha.
Para ello existen dos métodos, igualmente expeditivos,
pues el inquilino ermitaño es propenso a resistirse
y no abandonar su morada -por mucho que la haya previamente
robado- de buen grado. Así que no pierda el
tiempo conminándole a salir y oblíguele
por las bravas. Las dos maneras a las que nos referíamos
son estas:
A) Partimos la concha con ayuda de una piedra o de
un martillo: La ventaja es que es un método
rápido. La desventaja es que, si no se hace
con mimo y atinadamente, corremos el riesgo cierto
de hacer puré a nuestro crustáceo.
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B)
Calentamos la concha con un mechero: La ventaja es que
siempre sale entero y en prefecto estado operativo.
La desventaja es que es un método lento y paciente
y, a veces, nos quemamos los dedos.
Por lo demás, podemos encontrar ermitaños
en todo nuestro litoral, especialmente en la franja
tildal al retirarse la marea.
En resumen, tanto quisquillas como cangrejos ermitaños,
son dos cebos magníficos para cualquier lábrido
que se precie, y podemos ofrecérselos con las
mismas garantías de ataque que con un anélido
marino, quizás su cebo por excelencia. |
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