Tripletes consecutivos como los de la foto,
con esta especie no resulta muy complicado.
Este
aparejo al que me refiero, llamado chicharrera y en
algunos sitios panchera (aunque no acierto a comprender
por qué) está muy difundido y es empleado por muchos
aficionados.
Es
tan simple como elaborar un aparejo con un número
indeterminado de anzuelos empatados a cortas hijuelas
que van, a su vez, a la línea madre, en cuyo extremo
se coloca el plomo (generalmente de tipo pera o gota,
de peso variable en función de la acción de la caña).
Después
se lanza y recoge, caceando –curricán- a media agua.
Los
anzuelos no van cebados –en ocasiones irán limpios,
aunque en ese caso es mejor que sean plateados (tipo
crystal o similares)- sino que llevan una pequeña
pluma, un trozo de lana, papel de aluminio o cualquier
cosa que simule una pequeña presa.
El
chicharro o jurel se clava solo, por efecto de la
tracción constante que debemos impartir al aparejo
al traerlo recogiendo, con cuidado de no ejecutar
movimientos violentos ni tirones bruscos, pues este
pez tiene la boca muy frágil y es demasiado frecuente
rompérsela y perderlo.
Es
una pesca muy divertida si damos con el cardumen,
lo que se produce sobre todo al anochecer durante
el estío, cuando los ejemplares de talla mediana se
acercan a la costa y recalan en las bahías abiertas.
Una vez localizado el bálamo, podemos cobrar varios
ejemplares en cada echada, con el aliciente añadido
de que no debemos preocuparnos por el cebo, con lo
que no perderemos tiempo encarnando, y convertiremos
la pesca en un ejercicio frenético de capturas constantes
y numerosas.