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| Las alegrías
de la chopa. Segunda parte. |
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ser capturada en todas las estaciones y a cualquier
hora del día, pero el periodo ideal comprende los
meses estivales y otoñales, durante el ocaso y hasta
el alba.
Admite una gran variedad de artes.
Su pesca deportiva se lleva a cabo con diversos aparejos
de fondo, desde líneas fijas y durmientes, hasta balancines
o ballestillas. Tanto da que el cebo se suspenda a
una o dos brazas del lecho marino, como que se emplace
directamente sobre éste. Con tal de que se halle lo
suficientemente próximo, la chopa picará de buen grado.
En un aparejo de tipo pater
noster, morderá indistintamente los cebos situados
a cualquier altura, sin mostrar preferencias apreciables
entre las hijuelas a ras de fondo o las que trabajan
a mayor altura.
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Desde tierra cabe hacer la misma consideración. De
este modo, cualquier aparejo de fondo de los que empleamos
en la modalidad de lance pesado será adecuado. Al
margen de que utilicemos uno diseñado para la captura
de peces estrictamente bentónicos –como puede ser
un lenguado-, o nectobentónicos –es decir, los que
nadan cerca del fondo- como son la mayoría de los
espáridos.
Entre los primeros, se encuentran
los montajes en los que el anzuelo queda por debajo
del plomo. Entre los segundos, como sería el caso
del ya mencionado pater
noster, están aquellos en los que el plomo remata
el aparejo.
Lo
normal es que salga disparada en dirección opuesta a
nuestra tracción y busque aguas libres en su desesperado
camino. Si pescan con aparejo ligero y sedal fino –cosa
que recomiendo- aflojen el freno y diviértanse.
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La chopa no hace distingos. Lo
que sí resulta conveniente es que el aparejo que utilicemos
se componga de al menos dos anzuelos, dado el carácter
gregario de esta especie, que acostumbra a vivir en
bálamos de cierta densidad.
El tipo de anzuelo,
e incluso –dentro de lo razonable, claro- el grosor
del sedal, tampoco resulta de gran importancia. La chopa,
una vez más, no se muestra muy exigente y atacará sin
pensárselo ni hacer mayores consideraciones sobre el
particular.
Cuando sintamos
la picada, debemos esperar. Dejar comer a la chopa es
sinónimo de apresarla. Se tragará el cebo con glotonería
sin reparar en el anzuelo, y no será necesario clavar
con un toque de muñeca. La chopa que pica no suele escapar.
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Preparación
de las cañas. |
Por eso es un
pez “fácil”, apto para todos los públicos, por muy
novatos que sean en esto de la pesca.
Una vez presa,
la chopa se defiende con dignidad. Nada llevándose
el aparejo y lucha hasta el fin de sus fuerzas, que
nunca escatima en el combate. Tampoco muestra ese
instinto de otros espáridos que les lleva a enrocarse
y consiguen romper el sedal haciéndose fuertes en
las hendiduras de las peñas.

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¿Qué cebos debemos emplear?. |
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Hemos llegado a
mi parte favorita. ¿Los cebos para la chopa? Yo diría
que todos. Siempre y cuando sean lo suficientemente
blandos –ya indicamos que no posee molares para triturar
ni dentición adecuada para romper- todos resultan óptimos.
Tiras de pescado
o en trocitos de tamaño adecuado al anzuelo, pueden
ir muy bien. ¿Y unos sabrosos gusanos? Perfectos. ¿De
qué tipo? Del que ustedes quieran, oiga, con la chopa
siempre estamos de saldo. ¿Y si resulta que optamos
por unos mejillones u otros moluscos –sin valvas-? Estupendo.
A la chopa se le va a hacer la boca agua sólo pensarlo.
¿Tienen que ser
frescos? Bueno, siempre es mejor que los cebos sean
frescos... Pero la chopa no hace ascos a los congelados
o a los conservados en salmuera.
Su apetito en voraz
y ya se sabe que, a buen hambre, no hay pan duro. Y
hablando de pan, ¿también sirve el pan? Muchos aficionados
lo desaconsejan. Pero, qué quieren que les diga: yo
he pescado chopas con masilla de pan. Igual ha sido
una coincidencia y me han hecho el favor por tenerlas
en tanta estima. No sé.
En todo caso, cada
cual cuenta la feria según le ha ido, ¿no es cierto?,
y a mí siempre me ha ido bien con las generosas chopas.
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