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| Las
enormes doradas del puntal. Segunda parte. |
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Laredo
es una población turística, una de las mayores de
la Cornisa Cantábrica, que goza de una amplia y sosegada
bahía, y una inmensa playa de arena dorada y fina.
Estas condiciones han propiciado un gran desarrollo
urbanístico, ligado al turismo estival.
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Bonito doblete de doradas
capturadas por la noche en Laredo. |
Frente a Laredo, en la otra margen del río Asón,
se encuentra Santoña, localidad muy marinera, con
una larga tradición pescadora y conservera. Santoña
se vale del fondeadero natural que proporciona la
ría, para servir de atraque a una nutrida flota. Pero
también, esta misma ría, conforma las marismas en
las que crían muchas especies costeras, que se cuentan
entre las más codiciadas por el pescador deportivo.
El
Puntal de Laredo, frente a Santoña, comprende el último
arenal de la desembocadura, antes de que el Asón se
funda con la mar. El fondo es de arena, con depósitos
sedimentarios limosos y flanqueado de ralas praderas
de algas. El lecho está sembrado de moluscos, como
berberechos, navajas, almejas y coquinas, por citar
sólo los más representativos.
La
escasez de peces que buscan su sustento en estos fondos,
viene dada por la fuerte corriente que soportan y la
falta de alimentos "blandos". Así, muchas
de las especies bentónicas comunes en casi todos los
arenales de la costa, como los lenguados, platijas,
rodaballos, salmonetes o herreras, e incluso la ubicua
mojarra o el gobio, resultan prácticamente inexistentes
en este tramo de la ría. Probablemente se deba a que
el alimento disponible es demasiado grande o duro para
dichas especies, por lo que, si queremos encontrarlas,
deberemos intentarlo bien en la bahía, bien en un tramo
más alto de la ría, donde abundan los anélidos, las
quisquillas y otros animalillos más accesibles para
sus fauces. |
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| Conclusión:
los únicos peces que atacarán nuestro cebo en esta parte
de la desembocadura serán las doradas, y casi siempre
ejemplares de considerable talla. Esta particularidad,
sin embargo, presenta la desventaja de que, de no picar
éstas, pasaremos muchas horas sin que nada perturbe
la quietud de las punteras de nuestras cañas.
Nos
encontramos, por tanto, ante una técnica de pesca muy
específica, en la que resultará harto improbable que
algún “pezqueñín” desbarate el cebo que iba destinado
al gran espárido.
En
muchas ocasiones, encarnando con gusanas –también llamadas
lombrices de mar- y tras varias horas de tenerlas en
remojo, al recoger seguían intactas en el anzuelo, lo
que podría constituir un caso insólito en otros lugares,
pero no aquí.
El
cangrejo vivo: un cebo ideal para la pesca de doradas
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Para
acceder a este pesquil, nos desplazaremos hasta Laredo,
-situado entre Castro-Urdiales y Santander- por la Autovía
del Cantábrico que recorre la costa. Una vez en el pueblo,
seguiremos las indicaciones al Puntal, hasta dar con
la ría. Lanzaremos nuestras cañas en el trecho que va,
desde las inmediaciones del Club Náutico, hasta el primer
centenar de metros de la playa desde la curva de la
desembocadura.
Se puede
pescar todo el año, de día o de noche, pero el único
periodo hábil es el que comprende la bajamar, -una hora
antes y una hora después- para minimizar en lo posible
los efectos de la corriente que, de otro modo, arrastrará
nuestros aparejos.
Como hemos
indicado, cualquier molusco o crustáceo constituye un
buen cebo. Si no disponemos de algo con lo que condimentar
los anzuelos, podemos atrapar fácilmente una docena
de cangrejos en los charcos tildales que la marea forma
frente al pantalán del Club Náutico. La otra opción
consiste en desenterrar alguna coquina, navaja, almeja
o berberecho, de los que la playa se encuentra bien
surtida.
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