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| Pescando durdos
o maragotas |
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El durdo, maragota o pinto es un lábrido
que presenta una amplia gama cromática, sin
que se sepa a día de hoy con exactitud a qué
obedece esta singular variedad en su coloración.

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Pese a que morfológicamente encontramos ejemplares
prácticamente iguales, si tomamos como referencia
su patrón cromático, parecerían
pertenecer a especies distintas.
Esta singularidad, junto con el peso que puede alcanzar,
es quizás lo más destacable. De hecho,
es el mayor lábrido de nuestras aguas. Eso
le convierte en una presa de cierta entidad para el
pescador deportivo.
En realidad, esta especie no presenta algunos de
los alicientes habituales que podemos encontrar en
los peces más codiciados, como sería
el caso de la lubina, la dorada, el dentón
y otros de este porte. Pero también es cierto
que un buen durdo, de 2 ó 3 kg. de peso, es
capaz de presentar una feroz -aunque corta- batalla,
y de poner nuestro equipo a prueba. Y es que, para
pescarlo, necesitamos un equipo ligero, adecuado a
la captura de lábridos.
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| La mayoría
de la gente que se dedica de alguna manera a perseguir
esta especie, lo suele hacer con equipos de fondo, de
lance semipesado o de rock-fishing, según dónde
pesquen. Sin embargo, mi preferencia es completamente
distinta, pues yo apuesto por pescarlos a boya; eso
sí, con el adecuado calado para poner el cebo
en el sitio correcto.
Con esto, me refiero a que, si bien
el durdo es un pez de fondo, no se encuentra a ras de
éste, sino que merodea cerca de las piedras,
se adentra en las grietas, vaga mezclado entre las algas
o al amparo de los bosques de laminaria. |
Por tanto, una carnada suspendida cerca del fondo,
tiene más posibilidades de ser detectada por
nuestro pez, que si la dejamos tendida sobre el lecho
marino.
El durdo es un pez curioso, de natación lenta
y sosegada, que recorre sin prisa su territorio y
ramonea sobre las piedras. Este dato también
nos da la pista de lo que busca: principalmente crustáceos
blandos, entre los que se encuentran quisquillas,
camarones y pequeños cangrejos. Por cierto,
un cebo excelente lo constituyen los trozos de cangrejo,
especialmente si es blando.

Suele ser un pez solitario, aunque
a menudo lo vemos, sobre todo los ejemplares jóvenes,
nadando junto a otros lábridos o pequeños
espáridos. En ocasiones, también, entra
y sale constantemente de los repliegues y las cuevas
del fondo, en las que duerme y se refugia, pero que
no hace suyas con carácter permanente como
lo haría, por ejemplo, un mero. Es decir, que
el hecho de localizar un durdo en una grieta, no nos
garantiza que vaya a estar ahí al día
siguiente, al estilo de los serránidos de fondo.
Desde los roquedos costeros, desde
un espigón, desde la misma orilla de la mar
siempre que el fondo sea de piedra y algas, encontraremos
maragotas. No necesitamos apenas profundidad, pues
esta especie se desenvuelve a veces en muy poco agua
y bastan un par de brazas para dar con buenos ejemplares.
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| Pero también
hay que apuntar que los grandes especímenes son
cada vez más raros en aguas someras, sobre todo
si éstas están sometidas a la presión
habitual que el hombre ejerce en la inmensa mayoría
de nuestras costas. A no ser que demos con una cala
virgen o poco frecuentada, donde podremos reencontrarnos
con los grandes durdos en muy poco agua. |
| De no ser
así, conviene buscarlos a 4, 5 ó 6 brazas
, con un aparejo fino y bien lastrado. Recuérdese
que la picada del durdo no es muy violenta y que conviene
clavarlo por sus gruesos labios para evitar que se trague
la carnada, cosa que ocurre con frecuencia si no estamos
atentos para propinar un rápido cachete. |
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Por eso conviene utilizar anzuelos finos, de pata larga
y rectos, que evitarán, al menos en parte, ser
ingeridos enteros y quedar alojados en la entrada de
las vísceras del pez.
Respecto a los cebos, ya hablamos de los cangrejos
(enteros los menores y a trozos el resto), pero son
igualmente efectivos camarones y quisquillas y, por
supuesto, anélidos marinos. |
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