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| Los espáridos.
Segunda parte. |
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Los espáridos presentan notables diferencias
entre sí, pero podemos adelantar algunos rasgos comunes
y distintivos con respecto a otras familias cercanas,
como son los siguientes:
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Tienen una única aleta dorsal, que suele ser larga
y que, como la anal, combina radios duros y blandos,
y en similar disposición. La anal es de mucha menor
longitud que la dorsal(una tercera parte, aproximadamente).
La aleta caudal es muy robusta y algo escotada, mientras
que las pectorales son finas, largas y afiladas, como
las alas de un ave planeadora.
Su
línea lateral está bien definida y es continua. Las
escamas, de tamaño considerable y muy visibles, cubren
la práctica totalidad del cuerpo. Los ojos suelen
ser grandes con respecto al resto del cuerpo, máxime
en el caso de los pagélidos.
La
librea es variable, pero predominan los tonos plateados,
mezclándose con otros característicos de cada especie,
sobre todo oscuros o casi negros en los sargos y las
chopas, amarillentos y verdosos en bogas y salpas,
o rosados en los pagélidos y en el dentón. Es típico
de muchos de estos peces presentar distintas manchas
o bandas oscuras que ayudan a identificarlos rápidamente,
como es el caso de las herreras, sargos, obladas,
etcétera. En algunos aparece una mancha trasera característica,
muy visible, que reconocerá incluso el neófito más
advenedizo en las cosas de la mar.
Pero
estas manchas en el arranque de la aleta caudal no
están ahí para que el ser humano identifique con mayor
facilidad a las especies que las poseen, sino que
cumplen una importante misión en su estrategia defensiva
de cara a los depredadores. Esta coloración disruptiva
que simula ojos en la cola, es muy común entre los
peces de pequeño tamaño que cuentan con muchos enemigos
y se da, especialmente, entre las especies ramoneadoras
y que habitan zonas de escollera o arrecife. ¿Quién
no ha reparado en esos peces coralinos que aparecen
en todos los reportajes subacuáticos, mostrando sus
vivos colores y esa especie de ojos en la cola?
En
el caso de los espáridos de escasa talla, la mancha
enmascaradora está bien definida, pero es especialmente
visible en la oblada, que incluso presenta un espacio
ocelado –de color blanco- alrededor de la franja negra,
que ayuda a resaltar ésta haciéndola más llamativa.
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La oblada, por su costumbre de vivir
entre dos aguas y en cardúmenes que semejan los de
los peces pelágicos, se encuentra muy expuesta al
ataque de todo tipo de predadores, a los que tratará
de confundir con la disposición de ese “ojo” falso.
Esta estrategia cobra gran importancia si tenemos
en cuenta que muchos depredadores ictívoros intentan
captura a sus presas por la cabeza, nunca por la cola.
Esto es así porque abundantes peces-presa (como es
el caso de los espáridos) están dotados de duros y
afilados radios espinosos en su aleta dorsal, con
lo que un predador que ingiriese al pez por la cola,
se podría ver en serias dificultades para engullirlo,
pues encontraría estas espinas “a contrapelo” y podría
incluso llegar a ahogarse en su intento de devorar
a su presa.
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La hurta: un pez poco
conocido.
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Por
eso, lo normal es que los predadores ataquen al pez
por la cabeza y lo ingieran en este sentido –primero
cabeza y después cola- para no toparse con la barrera
espinosa en que se convierte una aleta dorsal abierta
súbitamente.
Consideremos,
además, que, en el momento del ataque, el predador
trata de interpretar la dirección en la que huirá
su presa. Si ha caído en la trampa y cree que los
ojos son la mancha, es decir, si confunde la cabeza
con la cola, le será imposible determinar el rumbo
que tomará la presa en su huída y ésta escapará.
Las
proporciones de los espáridos son variadas, oscilando
entre los 20 cm. que alcanza el raspallón y los más
de 100 del dentón, pero, por norma general, la mayoría
de las especies ronda entre los 30 cm. y el medio
metro. Es decir, es una familia de peces de tamaño
medio, muy adecuados para su pesca con un equipo corriente.
Suelen
presentar bocas dotadas de poderosa dentición, sobre
todo la dorada y el pargo, aunque también los sargos
poseen bocas muy serias, adaptadas a los bocados duros
que constituyen gran parte de su dieta. En todo caso,
y con la excepción de la dorada, son bocas poco especializadas,
propias de su condición omnívora, aunque siempre se
decanten, como es lógico, por un diseño u otro en
función de su tipo de alimentación predominante.
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De esta forma, una herrera o un pancho tendrán bocas
relativamente “blandas”, sensibles y pequeñas, idóneas
para los pequeños y suaves bocados que buscan entre
la arena o el limo del fondo.
O los sargos presentarán bocas más fuertes, capaces
de ramonear y de romper un pequeño crustáceo o un
frágil molusco. En todo caso, unas y otras, presentarán
incisivos para atrapar a sus presas y molares –mayores
o menores, según- para triturar lo que se tercie
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Una preciosa herrera.
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Estos
ejemplos los comprenderíamos mejor si comparásemos una
boca especializada en una alimentación compuesta exclusivamente
de pequeños peces -como puede ser la de un jurel- que
no precisa de molares, con la de una dorada, en cuyo
caso incluso los incisivos son molariformes. Exactamente
igual que ocurre con los animales terrestres, donde,
si pudiésemos “cruzar” la dentición de un perro y la
de un caballo, tendríamos algo parecido a la de un ser
humano: un omnívoro; vamos, un sargo con patas.
Son
hermafroditas y suelen presentar ambos sexos, al más
puro estilo del primer hermafrodita –el hijo de Hermes
y de Afrodita, que, por lo que tengo entendido, debía
ser un tipo realmente ambiguo-. Sin embargo, en el caso
que nos atañe, esto no es del todo así, pues sólo uno
de los sexos se muestra funcional, y los espáridos ejercen
de acuerdo con el que les toca. Es decir, que, aunque
en ocasiones el mismo individuo albergue testículos
y ovarios, no se llega a producir la autofecundación,
pues impera una de las gónadas que lo atará a un único
sexo. O sea, que las hembras son hembras y los machos
–como dicen en Méjico- puros machos.
Ahora
bien, lo mejor está por llegar, ya que, con la edad,
sufren una inversión sexual y donde antes dije Diego
ahora digo Diega, ya que lo normal es que los jóvenes
machos se conviertan en hembras adultas, salvo en el
caso de la chopa, en el que el fenómeno se produce en
sentido contrario. |
¿Cuándo, cómo y por qué se produce esta inversión
sexual tan común en los espáridos?
La verdad es que no le he podido averiguar. Según
lo que he leído al respecto –mi única fuente de información,
pues no alterno con espáridos hasta ese punto- estas
inversiones responden básicamente a factores tales
como la densidad y el número de integrantes de la
especie, o a factores físicos, como serían la temperatura
del agua, las condiciones de sus nichos y ecosistemas,
etcétera.
Una mojarra
recién capturada.
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Una
vez realizada la freza, los huevos flotan y son arrastrados
por las corrientes, haciendo vida pelágica e integrándose
en el zooplancton, con la excepción –para variar- de
la chopa, que en este caso también lo hará al contrario
que el resto. Sus huevos no flotan, por lo que los entierra
en lechos blandos, de arena o
limo, y nunca harán vida pelágica, ni se integrarán
en el zooplancton ni nada. |
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