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| Introducción
al surf casting. |
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El surf casting es quizás la técnica
más empleada por los aficionados a la pesca de mar
desde tierra, sobre todo porque España cuenta con
muchos km. de playa donde podemos practicarlo.

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Aunque
para los más puristas el surf casting es la pesca
al lanzado pesado en la rompiente, para la gran mayoría
surf casting significa simplemente la pesca a fondo
desde la orilla de la playa, al margen de que haya
oleaje o no.
Sin
embargo, nuestro país presenta dos tipos de playas
muy diferentes que serían, básicamente, las atlánticas/cantábricas
y las mediterráneas.
Por
eso, lo primero que debemos hacer es diferenciar bien
ambos espacios y entender el funcionamiento de cada
uno de ellos.
En
el caso del Atlántico o del Cantábrico, la mayoría
de las playas se transforman en grandes planicies
de arena durante la bajamar, especialmente aquéllas
que tienen poca pendiente.
Por
tanto, si lo que pretendemos es pescar en una playa
cantábrica o atlántica, deberemos ser conscientes
de este fenómeno y prepararnos para actuar sobre un
territorio que queda al descubierto y después “se
llena” de agua.

Las
playas que sufren grandes oscilaciones de tamaño a
causa de la marea, suelen tener además grandes corrientes
por el desplazamiento de las masas de agua, y constituyen
un paraje apropiado para varios tipos de pesca, puesto
que muchos peces se adentran tan pronto como la profundidad
de agua se lo permite en ese desierto que forma la
playa en marea baja.
Con
la bajamar, la playa ofrece un aspecto monótono, el
de una gigantesca superficie de arena, sin vegetación,
y surcada sólo ocasionalmente por algún regatillo
de agua, que en los puntos más bajos puede formar
“piscinas” de poca profundidad y aguas transparentes.
En
este aparente desierto, hay, sin embargo, una gran
biodiversidad. Aparte de aves limícolas, que esperan
la bajada de la marea para recorrer la planicie recién
liberada por la mar, encontramos un montón de animales
que se refugian bajo la arena (navajas, berberechos,
almejas, cangrejos de arena o comunes, diversos tipos
de anélidos, etc.) y que constituyen el alimento de
los peces que están esperando que suba la marea, es
decir, que recorren el camino inverso al de las aves.
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| Se
deduce que si pretendemos pescar a caña, tendremos que
esperar a que la marea comience a subir, para interceptar
a los peces que van llegando. Entre los más comunes
se encuentran la omnipresente lubina, el salmonete de
roca, los peces planos -como rodaballos, lenguados y
platijas-, algunos espáridos -como el sargo rey, la
dorada y la herrera-, o arañas (también llamadas salvarios)
y otras especies menos apetecidas.
Por eso recomendamos lanzar los aparejos
(siempre que tengamos el agua suficiente, que, si está
turbia o blanca por la espuma puede ser bastante incluso
con menos de un metro de profundidad) a las zonas que
están siendo conquistadas por la marea, y desplazarnos
acorde va subiendo ésta, con lo que tendremos ocasión
de recorrer un gran trecho y pescar muchas de las distintas
especies que siguen inexorablemente ese camino.
Por último, cuando la marea comienza
a descender, los peces emprenden la retirada poco a
poco, con lo que, llegado ese momento, debemos pensar
en abandonar también, o cambiar de escenario de pesca.
La playa mediterránea, aunque a simple
vista parezca similar, es muy distinta, sobre todo a
causa de que la marea es casi inexistente y en vez de
tener un desnivel de varios metros como en la costa
atlántica, suele rondar en torno a los 30 ó 40 cm. |
Además,
el oleaje propio del Atlántico se reduce sustancialmente
en este mar cerrado, y el agua es más cristalina y
salada, y sujeta a cambios de temperatura más considerables.
Aun así, las especies que encontraremos son casi siempre
comunes o registran pequeñas variaciones con respecto
a las del Atlántico (recordemos que el Mediterráneo
es un mar relativamente joven y subsidiario del Atlántico,
que llenó su cuenca vacía hace unos seis millones
de años, cuando se abrió el Estrecho de Gibraltar)
y por tanto, la flora y la fauna son, en general,
comunes a todas nuestras costas peninsulares.
Esto
no quita para que el Mediterráneo registre algunos
endemismos -como el ermitaño gigante-, así como algunas
–pocas- especies tropicales procedentes del mar Rojo.
Pero
en lo que sí difiere, -pese a haber señalado la uniformidad
general que existe en cuanto a flora y fauna- es en
los métodos de pesca, pues aunque nos enfrentemos
a las mismas o muy parecidas especies, por darse condiciones
distintas, debemos adaptar nuestras técnicas y nuestra
estrategia de pesca a las mismas.
En
el Mediterráneo no es posible esperar a los peces
que aprovechan la marea para recorrer la playa recién
inundada. La playa suele ser un espacio inmutable,
en cuanto a tamaño se refiere, y la ausencia de grandes
olas y de aguas turbias, hacen que, para engañar a
los peces, lo más provechoso sea aguardar a las horas
de escasa luz, y lanzar muy lejos buscando toda la
profundidad posible.
De
hecho, muchos pescadores “de costa”, que pescan abundantemente
en el Cantábrico, no serían capaces de pescar nada
en el Mediterráneo si no abandonan la tierra firme
y se introducen unos cientos de metros mar adentro
en embarcación.
Esta
búsqueda de profundidad se convierte en casi una obsesión
para algunos pescadores ribereños mediterráneos, que
elegirán (con buen criterio) las playas de más pronunciada
pendiente para practicar el surf casting, donde puedan
asegurarse también unos metros de fondo cuando lancen
el aparejo. |
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