| |
| Julias, cabras
y gallanos en embarcación |
 |
|
Texto
y fotos: Javier García-Egocheaga
|
Algunos serránidos como la cabra
o cabrilla y ciertos lábridos, en especial,
la julia y el gallano o
gayano (1), son y han sido capturas tradicionales
de la flota de bajura. Típicos peces "de
bote", como dirían mis paisanos, que se
hacen a la mar al amanecer en pequeñas embarcaciones
y están de nuevo en puerto para tomar el aperitivo
matinal.
|
| |
Aparejos sencillos, carnadas blandas y marcas cercanas
a la costa, son algunas de las características
de esta pesca. Una modalidad, sobre todo estival,
que se inicia, como decíamos, con las primeras
luces del alba, justo cuando los lábridos comienzan
su actividad diaria. Es, por tanto, absolutamente
diurna y del todo ineficaz por la noche. Además,
cuando las aguas alcanzan su mayor temperatura, estos
peces, asimismo, se mostrarán mucho más
entregados a su sustento, para gran contento del pescador.
|
Existe un clásico de la pesca en embarcación
que es lo que se denomina "salir a cabras y julias".
Los gallanos, aunque menos frecuentes que estas dos
especies anteriores, y con cierto gusto por los fondos
un poco más profundos, también constituyen
capturas habituales con los mismos aparejos y carnadas.
Pero mientras las cabras o cabrillas pertenecen a
los serránidos y, si se fijan, son como meros
en miniatura, las otras dos especies -gallanos y julias
o doncellas- son lábridos.
|
|
| Los
lábridos se caracterizan por tener pronunciados
labios -de ahí su nombre-, por ser peces carnívoros,
y ligados a la escollera y los fondos rocosos o mixtos
de todas las aguas templadas y cálidas del planeta.
Poseen
una boca de escasa envergadura, armada con pequeños
pero violentos incisivos, y cuerpo pisciforme, ligeramente
comprimido y ahusado. La aleta caudal, recta y maciza,
así como las pectorales, anchas y con forma triangular,
revelan a las claras que no son grandes nadadores. En
realidad se trata de peces que, más que nadar,
en el sentido que lo podría hacer un pelágico,
revolotean cerca del fondo inspeccionando con sosiego
cada recoveco del fondo, cada piedra y cada bosquecillo
de algas.
Con esta constitución, no esperemos potentes
nadadores que saquen línea de nuestro carrete
al verse presos. Si a lo anterior unimos su discreta
talla, entenderemos que la pelea con ellos nunca será
espectacular, ni siquiera relevante a efectos deportivos.
Entonces -se preguntarán-, ¿dónde
está la gracia? Sin duda, en su abundancia, en
su generosidad a la hora de tomar cualquier bocado que
se ajuste a su patrón alimenticio y, por supuesto,
en la diversión que proporcionan al pescador
con pocas ambiciones que gusta de pasar una mañana
agradable a bordo de una sencilla embarcación.
Oiga, y esto es muy legítimo y recomendable,
pues no tiene sentido asociar la pesca marítima
a los grandes ejemplares, a los robustos aparejos y
a los 200 l. de gasoil para ponerse a tiro del pez de
nuestros sueños.
|
|
| Existe
una opción mucho más plácida y
relajada, que es la que encarnan, sin duda, estas especies
menores, en las que el aficionado encuentra la calma
que muchos pedimos al ejercicio de la pesca, si quiera
de vez en cuando.
Así que, para los que no nos
gusta estresarnos con nuestra afición favorita,
salir a capturar unas julias, unas cabras o unos gallanos,
constituye una opción magnífica.

El equipo
Hasta hace muy pocos años, en
la pesca de bajura se empleaban únicamente aparejos
de mano, también conocidos como chambeles o,
sencillamente, "aparejos". Es decir, líneas
enrolladas a un soporte de madera, corcho o plástico,
que suplían al carrete y a la caña. La
pesca en embarcación estaba asociada a la pesca
profesional, por muy "artesanal" que fuera.
Así que cuando algunos comenzaron a emplear la
caña y el carrete para pescar en bote, otros
comentaban despectivos: "serán de Madrid".
Claro, esa debía ser la explicación a
tanto despropósito, gente de tierra adentro,
sin duda.
Pero la evidencia termina siempre por
imponerse y lo que es evidente es que es mucho mejor
y más cómodo -además de deportivo
y provechoso- emplear la caña y el carrete en
cualquier circunstancia. Incluso en esta modalidad de
bajura.
El problema al que se enfrentan ahora
muchos aficionados subyugados ante la evidencia es que,
tras tantos años pescando a mano, no atinan a
la hora de hacerse con un equipo adecuado a la embarcación.
Sobre todo cuando se trata de pescar de pequeños
peces y de moverse en las reducidas dimensiones de la
bañera de una embarcación de tipo mediano.

De hecho, es frecuente todavía
observar a estos viejos pescadores transmutados en conversos
de las nuevas técnicas, echar abordo equipos
de surf-casting. Largas cañas y pesados carretes,
que son los materiales más frecuentes en el armario
de un pescador de mar.
Gracias a Dios, los fabricantes hace
ya años que nos ofrecen cañas y carretes
idóneos para la pesca de bajura. No suelen ser
equipos especialmente caros ni complicados de usar.
Al contrario: cañas pequeñas, con acción
distribuida y potentes, anilladas para aprovechar cada
centímetro y con un buen talón para lo
que surja del proceloso océano. Respecto a los
carretes, la creencia habitual de que los de surf-casting
son óptimos, por su capacidad de almacenar hilo
y su gran potencia de arrastre, hay que desterrarla.
Debemos buscar carretes mucho más ligeros -si
es por debajo de los 400 gr., mejor- con bobinas que
puedan almacenar unos 200 m. del 0.40 y gran potencia.
Y estos modelos existen, sobre todo en las marcas daiwa
y abu garcia, que en algunos de sus carretes introducen
el freno central, mucho más poderoso que el superior
o delantero.
|
Por último, aunque yo personalmente me decanto
por los monofilamentos, debo reconocer las ventajas
que nos puede ofrecer un buen trenzado. Pero no tanto
por su resistencia (aunque sobre este tema convendría
hablar más en detalle, que ya lo haremos),
sino por su nula elasticidad, que nos permite sentir
con toda nitidez la picada de una julia, una cabra
o un gallano. Un trío colorido y asequible
para todos los pescadores de bajura.
(1) Algunos autores
lo escriben con "y", mientras que otros
lo hacen con "ll". Es voz que no figura
en el DRAE, donde únicamente se recoge "gallito
del rey", por "budión", ambos
términos cada vez más en desuso. Dado
que, todo apunta a que "gallano" procede
de "gallo" -por su librea-, aquí
optaremos por esta grafía, que parece más
consecuente con su probable etimología.
|
|
|
|
|