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| Los lábridos:
una familia típicamente veraniega de nuestras costas.
Segunda parte. |
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Dado que ya vimos en el reportaje
anterior sobre los lábridos algunas de sus características
más señaladas, conviene tenerlas presentes a la hora
de confeccionar nuestros montajes para atraparlos.

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Señalemos, punto por punto, aquellas que revisten
especial importancia:
1-
Comen pequeños invertebrados y su boca no acepta
alimentos duros: En consecuencia, el aparejo debe ser
apto para pescar con carnada, nunca con artificiales.
Lo cebaremos únicamente con anélidos, con moluscos gasterópodos
o bivalvos sin concha –nunca con trozos de cefalópodos-
y con unos pocos tipos de crustáceos. Lógicamente, evitaremos
todos aquellos que sean demasiado duros o grandes, y
tendremos que limitarnos a los siguientes: Pequeños
cangrejos –a poder ser en época de muda- de no más de
2 cm. de longitud. Quisquillas. Pulgas de mar y cochinillas. |
| 2-
Viven y nadan cerca del fondo, pero a cierta
distancia de éste.
Por tanto, las hijuelas o terminales,
deben ir colocadas de modo que presenten el cebo a una
distancia variable de entre un pie y una braza del lecho
marino.
Los lábridos también atacan a un cebo
que repose directamente sobre el fondo, por lo que,
en montajes de varios anzuelos no es desdeñable la opción
de colocar uno en punta que vaya en esta posición.
Sin embargo, los que están suspendidos
a cierta distancia suelen registrar mayor número de
ataques, quizás porque les resulta más fácil su localización.
3-
Su boca es pequeña y carnosa: con lo que el anzuelo
ideal es, asimismo, pequeño, de alto poder de penetración
y poco sólido. No nos hallamos frente a espáridos
de potentes molares y duras bocas, sino frente a unos
peces de gruesos labios y bocas puntiagudas, en las
que un anzuelo fino, recto y de pata larga, hará presa
con mayor facilidad. |
Además, la pata larga presenta la ventaja de dificultar
el tragado completo del mismo. Si tenemos en
cuenta que muchos de los lábridos que pescamos con
anzuelos pequeños, pueden y deben ser devueltos al
agua por no dar la talla, conviene no dejar que traguen
el anzuelo. Uno de tipo “pico de loro” o corto y redondo,
tendrá muchas más posibilidades de ser ingerido y
matar al pez que pretendemos liberar.
Por otra parte, un anzuelo muy sólido, de quedar
enganchado en la piedra, acarreará a menudo que perdamos
todo o gran parte del aparejo.
4-
Viven en fondos rocosos: Esto condiciona que
el aparejo sea adecuado para no trabarse en fondos duros
y llenos de obstáculos.
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| Un fallo
habitual que cometen muchos aficionados, consiste en
presentar un aparejo de surfcasting que sería adecuado
para pescar, por ejemplo en el fondo de una ría o en
un gran arenal.
Este tipo de montajes suelen precisar
una plomada específica para adherirse al fondo o para
evitar que “garreen”, es decir, se deslicen llevados
por la corriente. Por eso, los plomos a los que
me refiero –cada vez más utilizados entre los aficionados
al lance pesado- poseen puntas, arponcillos o ganchos,
que consiguen un efecto de ancla.
Pero, en un fondo rocoso, como sería
el caso de perseguir lábridos, esta función de agarre
se torna nefasta, por cuanto perderemos aparejos en
cada echada.
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| Son de
escasa talla: Así que no conviene sobredimensionar la
resistencia de nuestros aparejos ni equipos. En lábrido
de más de 2 kg., en nuestras aguas es excepcional, y
el peso más habitual no pasa del ½ kg. No es como si
perseguimos, por ejemplo, doradas, o lubinas, especies
en las que, aunque la mayoría de los ejemplares adultos
ronden 1 kg. de peso, siempre cabe la posibilidad de
encontrarse con ejemplares de más de 5 kg., que darían
al traste con un aparejo dimensionado para los ejemplares
más comunes. Con los lábridos, esto no ocurre. |
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