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| Lance pesado: aspectos
a tener en cuenta. |
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El
lance pesado es una técnica en la que, aparte de la
importancia que tiene que el lanzado sea lo más correcto
posible, tanto en su ejecución como en su precisión
y suavidad, hay que cuidar otros aspectos, como son
los aparejos y los cebos que empleemos.
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Salvo
en los casos en los que lancemos a un punto concreto
–por ejemplo a una hondonada o una barra, o a cualquier
lugar favorable pues le suponemos abundancia de peces-
lo normal será lanzar nuestro aparejo cuanto más lejos
mejor.
Para
ello debemos ejecutar el lanzado con fuerza y habilidad
para conseguir distancias largas. Además, es conveniente
que el plomo sea lo suficientemente pesado y la caña
lo suficientemente larga, pero, en cualquier caso,
que vayan en consonancia. Es fundamental el equilibrio
entre caña, carrete y el peso que lancemos.
Tampoco
debemos descuidar el estado del sedal y que la bobina
del carrete se encuentre totalmente llena. Sobra decir
que las anillas deben estar perfectamente alineadas
y pulidas para ofrecer el mínimo rozamiento posible.
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| A fin de aumentar unos
metros la distancia alcanzada por el aparejo, nos adentraremos
en el agua de la orilla hasta donde nos sea posible.
Para ello es muy aconsejable estar provistos de altas
botas de goma o de pantalones de vadear.
Una vez efectuado el lance, mantendremos
abierto el carrete y situaremos la caña en su correspondiente
soporte, que hemos fijado anteriormente. Sólo entonces
cerraremos el carrete y tensaremos el sedal. Si, al
poco tiempo de haberlo tensado, observamos que el seno
del hilo cae fláccido, procederemos a tensarlo de nuevo.
Si, repetida esta operación, el resultado es el mismo,
esto significará que la corriente es demasiada para
nuestro lastre y mueve demasiado el aparejo, con lo
que habrá que plantearse poner un plomo más pesado,
o bien emplear plomadas especiales que se ofrezcan resistencia
a su desplazamiento por el lecho marino. A este fin,
disponemos de plomos con garfios, salientes, puntas
y demás elementos para conseguir un sólido agarre incluso
en fondos blandos.
Respecto a los cebos, su volumen y
capacidad para mantenerse en el anzuelo es decisiva
a la hora de plantearnos el lance. Con los cebos blandos,
una buena opción será la de amarrarlos con un poco de
hilo de licra, de algodón o de goma elástica. |
También
debemos tener en cuenta su tamaño, lo cual puede dificultar
el lanzado del aparejo, así como que éste “vuele”
de manera óptima.
Entre
los cebos aptos para ser lanzados, está la gusana
de mar en casi todas sus variedades, los moluscos
bivalvos, con o sin concha, y los cangrejos y otros
crustáceos pequeños o en trozos.
También
los trozos de calamar y, si tenemos cuidado al encarnar,
los cebos más olorosos como las sardinas y otros peces.
Aunque algunos utilicen el pescado en salmuera, e
incluso, congelado, nosotros optaremos siempre que
sea posible por el pescado fresco y, cuanto más fresco,
mejor.
La
creencia de que el pescado un poco pasado puede resultar
más atractivo por despedir un aroma, digamos, más
penetrante, es totalmente infundada. No pongo en tela
de juicio que huela más, pero no hay que confundir
mayor olor con peor olor.
Los
peces distinguen perfectamente el tufo de la carnada
pasada, y habrán de estar muy hambrientos y desesperados
para atacar este tipo de cebo. Por otra parte, el
pescado bien fresco es el más resistente, y, por tanto,
el que mejor aguantará en el anzuelo.
Este
es otro punto interesante para el aficionado, que
a veces sólo se preocupa del lanzado y no piensa en
que su cebo ha de estar luego en el agua de la mejor
manera posible. Dado que las corrientes producidas
por el oleaje y la resaca suelen ser fuertes, conviene
resaltar la importancia de que el cebo aguante bien
las embestidas del agua y se mantenga en su posición
original, minimizando el fenómeno adverso que constituyen
los golpes de mar para la sujeción de la carnada en
el anzuelo. Por eso, lo mejor será emplear cebos que
mantengan cierta consistencia y anzuelos lo suficientemente
grandes como para que quede bien sujeto el bocado.
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Respecto
al cebado previo de la zona de pesca, aunque algunos
autores e incluso reputados aficionados así lo aconsejen,
la experiencia nos demuestra que esta práctica no se
puede generalizar en el surf casting y sólo debe ser
tenida en cuenta en condiciones muy específicas, como
cuando la mar está muy bella o lanzamos a un lugar cercano
a la orilla y que, por esa razón, sea susceptible de
ser alcanzado por nuestro macizo o engodo.
De
no mediar estas condiciones –poco frecuentes en las
rompientes- no sería efectivo cebar el agua y, a menudo
contraproducente, por la sencilla razón de que la corriente
lo alejaría rápidamente de nuestro radio de acción de
pesca, si es que antes ha tenido alguna oportunidad
de llegar hasta allí. Piénsese que, a menudo, los lances
que realizamos son de más de 75 m. y lo difícil que
es macizar una zona más allá de los 30 ó 40 m.
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| Por
último, un aspecto determinante y que muchos descuidan,
es la manera de entrar en el agua que tiene el aparejo.
De nada valdrá haber alcanzado la mayor distancia posible
o haber colocado nuestra carnada con precisión en esa
barra tan querenciosa, si el aparejo cae desordenado.
Me explico: durante el lance, muchas veces, el plomo
tiende a situarse por delante de las hijuelas de los
anzuelos que rematan el aparejo. De caer al agua así,
el resultado es un más que previsible enredo. De nada
sirve un aparejo enredado. De ahí que debamos vigilar
el aparejo mientras vuela, para que penetre en el agua
de forma que quede en banda, en posición correcta para
pescar. |
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