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| Lubinas a lance
ligero. |
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En
mi opinión, esta técnica resulta la más deportiva
de cuantas empleamos para capturar lubinas a caña,
sólo comparable a la novísima con cola de rata; pero,
a diferencia de ésta, el lance ligero nos permite
ampliar nuestro radio de acción y ofrecer un repertorio
más amplio de señuelos y de presentación de los mismos.

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Por
lo demás, el patrón de búsqueda de nuestras capturas
es muy semejante, pues se trata de recorrer las estribaciones
costeras en pos de los mejores emplazamientos, donde
teóricamente se aposta la lubina, y hacerle llegar
nuestro artificial.
Este
ejercicio requiere conocer al dedillo sus costumbres,
sus gustos y prever –en lo posible- sus reacciones.
Pero también implica un conocimiento exhaustivo de
la costa, del equipo –la destreza en su empleo es
determinante- y unas facultades físicas que nos posibiliten
recorrer largos trechos del litoral, a menudo, difíciles. |
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Además,
en esta técnica prima nuestra astucia, el sigilo con
el que actuemos, la precisión y suavidad de los lances.
No siempre pescaremos en zonas batidas por la espuma.
También podremos capturar algunos peces en los pozos
de la bajamar, en las caletas que penetran en la costa
o sobre los farallones de roca que aupan el fondo.
La espuma ayuda, claro que sí, y nos muestra invisibles
a pocos metros de nuestra presa. Pero de no ser ésta
muy abundante, convendrá, por todos los medios, pasar
inadvertidos, utilizar atuendos de colores neutros,
mover poco la caña o agacharnos en ocasiones. Si actuamos
a pez visto, tendremos que lanzar con inteligencia
unos metros más atrás, procurando que el señuelo americe
con suavidad, sin cometer ningún error que pueda alertar
o espantar a la lubina.
Aunque
podemos practicar esta pesca sin mojarnos, es decir,
sin introducirnos en el agua, la gracia está en meternos
en los pozos y recorrer la orilla de las playas con
el agua por la cintura. Ya sea con un equipo de vadear
en invierno o con un bañador en verano, sentir el
agua que nos rodea y nos mueve constituye un placer
que muchos aficionados a la pesca marítima no conocen,
y ya es hora de que lo vayan haciendo. Entonces entenderán
a sus colegas de aguas continentales que enloquecen
por el simple hecho de vadear el río.
El
equipo vadeador será, en consecuencia, el mismo que
utilizamos en la pesca de salmónidos, y la caña y
el carrete también muy semejantes a las de lance ligero
para el agua dulce. En realidad se trata de la misma
técnica, adaptada a un pez marino, que no difiere
en lo sustancial.
La
caña será corta, manejable, con algo de acción de
punta para garantizar un buen clavado. El carrete,
rápido, preciso y muy liviano. Con que pueda albergar
cien metros del 0.25 será más que suficiente.
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Aparejo
montado para este tipo de pesca. Buldó junto con on
pequeño pez artificial.
Respecto a los señuelos, debemos prestar
atención a su peso –con objeto de conseguir el lance
deseado- y a su tamaño, en función
de
la talla de las lubinas que persigamos. No obstante,
el tamaño del señuelo no es ni mucho menos determinante,
y podemos capturar un gran ejemplar con un pequeño señuelo
y viceversa.
En lo que se refiere al peso, a fin de aumentarlo, podemos
utilizar un buldo (mejor pequeño, de los de río) cuando
necesitemos unos gramos extra. Este es el caso de los
anguilones de goma, entre otros, que son tan baratos
como ligeros y fiables. En realidad, cualquier objeto
anguiliforme funcionará con la lubina, que siente una
rara predilección por todo lo que tenga esa apariencia.
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Aun
así, hay quienes prefieren las imitaciones más realistas
para pescar desde tierra, dejando los modelos más
imaginativos para la embarcación. No soy de esa opinión
pero, por supuesto, la respeto. Lo dejo a su criterio.
Con
poca, poquísima agua, podremos utilizar señuelos flotantes
muy pequeños –en torno a los cinco centímetros- y
hacerlos saltar sobre la espuma con la marea subiendo.
Si, además, imitan a pequeños mugílidos, mejor. Se
lo recomiendo.
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El
Lance ligero se muestra también muy productivo de
noche. Las horas nocturnas nos permitirán explorar
lugares remansados, incluso con el agua totalmente
quieta y cristalina.Pese
a la creencia extendida de que es necesario elegir
los artificiales de colores muy vivos o fluorescentes
cuando pescamos en la oscuridad, esto no es aconsejable.
Mucho menos aún acoplar un “starlite” en el extremo
de la línea.
La
lubina, además de ver muy bien, detectará las vibraciones
del señuelo. Incluso algunos modelos de peces artificiales
completamente oscuros, en tonos negros o morados,
obtienen resultados inmejorables en las noches más
cerradas. Demos un voto de confianza a la magnífica
línea lateral de la lubina.
Lo
que sí conviene es traer nuestro artificial despacio,
a la mitad de velocidad que la que le imprimiríamos
durante las horas de más luz. Hemos de desterrar otra
idea bastante común sobre la supuesta efectividad
de los señuelos veloces. Un artificial tranquilo puede
depararnos sorpresas muy agradables cualquier noche
en aguas remansadas.
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