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| Cebos para la lubina. |
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La lubina es un
pez carnívoro, como lo prueban su constitución y su
boca y mandíbulas, un formidable predador que admite
una dieta variada. Así, ingiere muchos alimentos de
distintas especies y tamaños, vivos o muertos, pero
siempre muy frescos. Esta adaptabilidad a los distintos
alimentos que componen su dieta natural, repercute
de forma directa en la amplia gama de cebos que admite.
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Casi
todos los cebos de origen animal que el aficionado
presenta en el anzuelo, suelen ser apropiados para
la lubina; el único requisito es que, en caso de estar
muertos, no haya comenzado el proceso de descomposición.
Así, tan bueno resulta un cebo a base de sardina o
un trozo de calamar, como
un anélido cualquiera, un cangrejo o un molusco
presentado sin concha.
Pero,
debido a su carácter predador, la lubina siente especial
predilección por los cebos vivos, en especial aquellos
que provoquen una reacción instintiva y le hagan creer
que pueden escapar. De este modo, un cangrejo al que
ve un fugaz instante llevado por la resaca de las
olas, un pececillo debatiéndose, un camarón agitándose
en una nube de espuma, activarán el ataque feroz de
nuestro pez.
Los
cebos “muertos” –como son los trozos de pescado o
de calamares, o los moluscos desprovistos de sus naturales
defensas- funcionan mejor cuando se los presentamos
en aparejos de fondo, como si hubiesen caído allí
de forma natural tras haber muerto por la razón que
fuera. |
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| Asimismo, los señuelos
artificiales (imitando con éxito a los cebos vivos)
proporcionan muy buenas capturas y raros son los que
no gozan de la universal aceptación por parte de la
lubina, siempre agradecida y amante de los señuelos.
Las cucharillas ondulantes, las giratorias, los diablos
de Tasmania, simples plumas engarzadas sobre el anzuelo...
Todo funciona. Pero si me preguntaran -si tuviera que
elegir- por qué artificial me decantaría, propondría
dos: los peces artificiales y los mucho más económicos
montajes con vinilos serpentiformes y anguilones de
goma.
Los peces artificiales han logrado
una efectividad sin precedentes. Consiguen unos movimientos
realmente provocadores y naturales, y su amplio desarrollo
ha propiciado la creación de modelos diferenciados que
se adaptan a los gustos y necesidades de cada aficionado.
Combinan
muchas formas, pesos y colores. Algunos están diseñados
para alcanzar distancias considerables en el lanzado,
otros para “nadar” muy despacio o muy rápido, en superficie
o a diversas profundidades, para resultar muy visibles
o para que su presencia sea sutil, pero suficiente para
los agudos sentidos del predador. |
La elección entre tal variedad, viene determinada
por muchos factores y por las preferencias particulares
de cada aficionado.
La
segunda elección, -pero no menos efectiva- los artilugios
serpentiformes y los vinilos y anguilones de goma,
imitan a gusanas nadadoras, a peces como el lanzón
y, por supuesto, a pequeñas anguilas.
Todo lo que culebrea en
el agua atrae de manera especial a la lubina. No sabemos
exactamente por qué, pero está más que comprobado.
Y como provocar su instinto predador es el propósito
principal de los señuelos, no les extrañará el éxito
de estas “culebrillas” que nunca fallan. Incluso señuelos
diseñados para tentar a otros predadores, como el
bass o el lucio, resultan tremendamente efectivos
para la lubina.
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Resumiendo: casi cualquier cebo o señuelo es adecuado para
la lubina. El truco, entonces, consiste en elegir el
idóneo para cada circunstancia y presentarlo de la forma
adecuada. De ahí que el conocimiento del comportamiento
de este curioso pez sea determinante a la hora de realizar
el aparejo y de elegir el cebo. Es decir, que, mientras
otras especies se pescan de una manera determinada,
la lubina acepta una amplia gama de modalidades, por
lo que perseguirla supone siempre un reto para nuestros
conocimientos y nuestra imaginación. |
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