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| El macizo o engodo
en la mar. |
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Texto
y fotos: Juan Laka |
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El macizo o engodo
es un alimento que arrojamos al agua en distintas
dosis, con la intención de que los peces se ceben
para facilitar que acudan a nuestra zona de pesca,
o para que se familiaricen con el alimento con el
que luego encarnaremos el anzuelo, o ambas cosas.
De
lo anterior se desprende que el macizo puede estar
compuesto de muy distintas materias y, con bastante
frecuencia, de la misma que usamos para encarnar.
En ocasiones, el verdadero problema radica en hacer
llegar el macizo hasta el punto en el que queremos
pescar y, más aún, hacer que permanezca allí.
Para
ello deberemos sopesar las corrientes, la profundidad,
así como la constitución del propio macizo. Para lanzarlo
podemos utilizar un tiragomas especial (sobre todo
si le hemos dado forma de bolitas, o si se trata de
pequeños animales de poco peso que queramos arrojar
enteros, como quisquillas, gusanillos, etc.)
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En caso de que practiquemos
una pesca de rompiente en zonas con marea pronunciada
-todas nuestras costas salvo las mediterráneas- existe
una forma magnífica de dosificar el macizo para que
su acción se prolongue durante toda la jornada y mantenga
a la pesca en nuestro radio de acción.
Habrá que empezar
diciendo que cuando se practica esta pesca de rompiente
cercana a las rocas, se aprovecha siempre el espacio
de tiempo durante el cual la marea está subiendo,
que es cuando los peces de roca se acercan a comer
en los tramos del litoral que va cubriendo progresivamente
el agua a medida que la marea avanza. Este es el caso
de los sargos, las lubinas, los lábridos y un largo
etc. Pues bien, lo que haremos con el macizo es precisamente
eso, no arrojarlo directamente al agua, sino esparcirlo
en distintos niveles sobre las rocas que serán bañadas
por la marea.
De esta
manera nos aseguraremos que siempre habrá macizo en
el agua, y mantendrá a los peces pegados al lugar
que deseemos y expectantes ante la afluencia de comida
que obtendrán progresivamente con el avance de la
marea. Si,
por el contrario, pescamos a fondo, lejos de la rompiente,
en una embarcación a cierta distancia de la costa,
podemos encontrar dificultades para hacer llegar el
macizo hasta nuestro pesquil, que se encuentra en
el fondo, a veces, a muchas brazas de profundidad.
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Entonces,
si arrojamos directamente el macizo a la superficie,
lo normal es que apenas una mínima parte llegue hasta
el fondo, y en caso de que haya corriente -que es
lo normal- el poco macizo que llegue al fondo alcance
una zona muy alejada de donde pescan nuestros aparejos.
El
truco que emplearemos para solventar esta situación
es el de la bolsa de papel lastrada con piedras. A
tal fin, introduciremos cierta cantidad de macizo
en una bolsa de papel, a la que previamente hemos
añadido un par de piedras de mediano tamaño; cerraremos
la bolsa y la amarraremos a un cabo o un sedal de
distancia bastante para llegar hasta el fondo.
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Una
vez allí, esperamos unos poco minutos y damos un fuerte
tirón, con lo que conseguiremos romper el fondo de
la bolsa de papel y liberar el macizo que habrá llegado
de esta manera hasta el punto donde trabajan nuestros
aparejos de fondo.
Otra
forma que se revela excelente, consiste en utilizar
un trozo de red o una malla -como las de las bolsas
de naranjas- y la llenamos de peces troceados y de
piedras para lastrarla. De esta forma nos aseguraremos
un macizo permanente cerca de nuestros aparejos.
Pescando
en la rompiente podemos hacer un buen macizo a partir
de los invertebrados que pueblan las playas y escolleras.
Estos animales que servirán para procurarnos el macizo
son básicamente moluscos y crustáceos, desdeñando
los equinodermos, salvo el erizo de mar, que bien
triturado y mezclado con arena, constituye también
la base de un macizo excelente.
Para
ello, recoja cangrejos, mejillones, lapas etc. Macháquelos
con una piedra al tiempo que los va mezclando con
arena y agua marina. Obtendrá un macizo perfecto para
los peces de roca.
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| No
obstante, este tipo de macizo es bastante agresivo para
con el medio, por lo que suele ser más recomendable
el tradicional macizo a base de despojos de pescado,
sobre todo de sardina o de anchoas.
Si
tenemos la suerte de estar en una localidad donde podamos
acercarnos hasta una conservera, no tendremos problemas
para conseguir gratis estos despojos.
Convenientemente
salados y mezclados con harina, con un poco de arena
o con cualquier otra sustancia para darles la consistencia
y el peso que se prefiera, podremos guardarlos durante
mucho tiempo en botes de plástico bien cerrados.
Así
nos aseguraremos tener siempre macizo disponible para
cuando lo precisemos. |
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