| |
| Mitos, suposiciones
y realidades en la pesca deportiva (Segunda y última) |
 |
|
Texto
y fotos: Javier García-Egocheaga
|
"En el Cantábrico
hay más (y mejor) pesca que en el Mediterráneo".

|
Que en el Cantábrico se pesca más que
en el Mediterráneo, es algo que muchos asumen
con sorprendente naturalidad. Bueno, habrá
alguien que, prudente, matice que quizás no
mayor número de peces, pero, desde luego, mayores
en tamaño.
Los peces mayores, los monstruos marinos que en algún
sitio deben vivir, por fuerza han de hacerlo en el
Cantábrico: ese mar proceloso y oscuro, siempre
encapotado y fiero. Eso no tiene contestación,
¿o alguien cree que un mar tan doméstico,
tan "nuestro" -como ya proclamaron los romanos
hace más de dos milenios-, pueda albergar algo
que no sean chanquetes, boquerones y poco más?
Todo lo que sea mayor que la morralla al uso será
una excepción, o estará de paso, como
los grandes atunes rojos que cruzan el Estrecho desafiando
la trampa de la almadraba gaditana.
|
Por tanto, queda así demostrado
de forma fehaciente y sin posibilidad de refutación
que, como dicta el sentido común, en el Cantábrico
hay más peces y, por supuesto, de mayor envergadura.
Tan bien lo he argumentado en unas
pocas líneas, que estoy a punto de creérmelo
yo también, si no fuera porque sé que
no es así. Claro, cuando uno dice estas cosas,
siempre se enfrenta al escepticismo general, cuando
no al choteo y la burla. "A ver, ¿es que
has pescado todos los peces de los dos mares y has comparado?
Listo, que eres un listo".
Evidentemente, nadie puede medir el
número de ejemplares y el tamaño de cada
uno, en eso estamos de acuerdo, pero sí se pueden
tomar otras referencias que nos sirvan como medida.
| |
La primera que debemos considerar
es el espacio efectivo en el que viven los peces.
Me explico. Del mismo modo que no todo el campo es
orégano, no toda la mar es apta, o igual de
apta, para criar en su seno comunidades estables de
peces.
El océano es un gran desierto
azul transitado por bálamos de pelágicos,
pero sólo en su parte superior, básicamente
en la capa de agua que recibe aporte de luz. A medida
que nos sumergimos, la presencia de peces es cada
vez más escasa, sobre todo cuando los fondos
alcanzan cotas de profundidad elevadas. En otras palabras,
en el momento en que salimos de la plataforma continental
la vida marina desciende, como el lecho oceánico,
en picado.
|
| 
Sabiendo que la pesca, así como
el resto los organismos que conforman la mayor parte
de la biomasa marina -con la excepción del plancton-,
se encuentran fuertemente ligados a las plataformas
continentales, el Mediterráneo ya no parece tan
mal sitio para albergar buenas comunidades de peces.
Fondos poco profundos, abundante insolación
y temperaturas elevadas son factores determinantes para
la generación de vida. También es verdad
que, al ser un mar prácticamente cerrado y con
grandes poblaciones humanas a lo largo de sus costas,
los efectos de la contaminación han deteriorado
en gran medida la calidad de sus aguas. A eso hay que
sumarle un problema de sobrepesca crónico, así
como otras circunstancias que, en conjunto, castigan
muy duramente a este pequeño mar. |
| Pero
eso no quita para que, comparado con el Cantábrico,
el Mediterráneo ofrezca mucha mayor extensión
(en km2) de plataforma continental, que, a la postre,
es el factor determinante. En el Cantábrico,
en cuanto te alejas unas pocas millas de la costa, el
fondo cae por debajo del centenar de brazas. Un poco
más mar adentro y tendremos que tirar de carretes
eléctricos. Un poquito más, y ya ni eléctrico
ni gasolina ni diesel. Y de donde no hay, no se puede
sacar.
Por tanto, aunque cada vez que hable
con un, pongamos, pescador malagueño, me diga
eso de "que suerte que teneí en el norte,
con lo pedazo bisho que podeí cogé",
que sepa que ya nos gustaría muchas veces poder
tener a nuestra disposición lo que tienen ellos.
Y además, como suele ocurrir, siempre es más
verde el prado del vecino.
|
|
| Vemos
que lo que ocurre es una reacción natural, un
reflejo que nos hace pensar en el Cantábrico
como un mar grande, opuesto al Mediterráneo,
que sería un mar pequeñito. Y ahí
se produce la asociación de ideas, algo así
como "a mayor cantidad de agua, más y mayores
peces".
En parte, este razonamiento tendría
lógica, pues no es lo mismo pensar en el Ebro
que en un riachuelo de montaña, o en el pantano
de Buendía comparado con una charca de Arganda.
Pero lo cierto es que, superado un tamaño crítico
para el desarrollo de las especies que pretendamos pescar,
el resto no guarda relación ni proporcionalidad.
Hace poco leía en una revista
americana de pesca, que una universidad en EEUU había
realizado un estudio que demostraba con datos algo que
muchos intuíamos: a mayor tamaño del cebo,
mayor talla de los ejemplares conseguidos, aunque menos
en número. Bueno, parece obvio pero está
bien que alguien nos lo confirme; y quién mejor
que los científicos de un país que, en
lo referente a pesca deportiva -como en tantas otras
cuestiones-, se sitúa en otra galaxia. |
|
|
En este caso, los datos conseguidos ratifican lo que
nos anunciaba nuestro sentido común. Y en el
caso que aquí nos ocupa, también lo haría
si nos parásemos a considerar lo estéril
de los lechos marinos fuera de la plataforma continental.
O dicho de otro modo, que la unidad de medida que debemos
tomar como referencia fundamental, es la cantidad de
plataforma continental de la que dispone cada mar, y
no los miles de millones de m3, que en su mayoría
serán aguas desiertas y oscuras, si no están
cerca de la superficie o próximas a la costa.  |
|
|
|
|