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| Pesca al lance
pesado . |
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Hay muchas técnicas para la pesca
en la mar, pero el lance pesado, es sin lugar a dudas,
la modalidad deportiva más empleada.
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En
la pesca al lance pesado debemos controlar a la perfección,
además del tipo de especies y el tamaño de los ejemplares
que deseemos capturar, el tipo de fondo con el que nos
encontramos. Un sabio aficionado me solía comentar que
el fondo dice mucho de lo que se puede pescar y de cómo
se puede pescar, y así es. Si estamos lanzando en la
playa, sabemos que, frente a nosotros se extiende un
desierto de arena, sin accidentes en el fondo ni nada
que pueda hacer peligrar nuestro aparejo.
En
consecuencia, podemos lanzar lo más lejos posible
e ir cobrando poco a poco el aparejo, “arando” lentamente
el lecho de arena y dejando un sabroso rastro de olor
que los peces seguirán hasta dar con el cebo, que
se desplaza muy lentamente cubriendo un radio de acción
muy amplio. Si el fondo es de roca, no conviene tocar
la manivela del carrete más que para tensar la línea
acto seguido del lanzado, pues los riesgos de enrocar
y perder el aparejo son evidentes.
Por
otro lado, recuérdese que debemos emplear carnada
cuyo hábitat se corresponda con el tipo de fondo.
De esta manera, si éste es de arena, podemos encarnar
con un cangrejo verde, uno de arena, navajas, chirlas,
almejas, berberechos o cualquier tipo de anélido (la
gusana de mar es un cebo casi universal y óptimo en
todos los fondos de arena o fango). Si, en cambio,
pescamos sobre la roca, darán mejor resultado otros
cebos más propios de ese ecosistema.
Además,
en un fondo liso y regular, de arena o de fango, el
anzuelo debe ir en el extremo de la línea y descansar
sobre el mismo lecho. Pescando sobre roca –frecuentemente
accidentada y con algas- lo más conveniente es que
el plomo se sitúe al final de la línea y que el/los
anzuelos estén a un par de pies por
encima de éste. De esta forma, conseguiremos
que nuestro cebo sea más visible y aparente, más móvil
y oloroso, que si queda a ras de suelo, tapado por
las algas o dentro de una grieta, y se lo pondremos
más fácil al pez en cuanto a su localización.
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| Para pescar con esta
técnica, es preferible usar pesadas cañas de lanzado de
una potencia superior a los cien gramos y un poderoso
carrete. Lógicamente, no podremos mantenerlas en la mano
–aparte de que solemos trabajar con varias cañas a la
vez- y por eso es recomendable proveerse de unos soportes
o sujetacañas, para poderlas mantener sólidamente clavadas
en el suelo. Si
pescamos en una playa, estos sujetacañas se hacen imprescindibles,
pues el carrete nunca debe tocar la arena, uno de los
peores enemigos de todo instrumento mecánico.
Alguien
podría poner en duda que las cañas deban ser pesadas
para realizar esta pesca, puesto que muchos aficionados
prefieren optar por peces de pequeña o mediana talla,
como son los salmonetes, lenguados, herreras –llamados
también magres- etc. que, a
priori, no necesitan de grandes anzuelos ni fuertes
sedales ni potentes carretes. Entonces, ¿para que quiero
yo un equipo de lanzado pesado? –podrían preguntar.
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Dicho
así habría que convenir con ellos en que no les falta
razón, pero si se analiza esta modalidad de pesca, nos
daremos cuenta de que, una cosa es lanzar dentro del
puerto o en un resguardado malecón, y otra es lanzar
en las playas y en las escolleras, donde habitualmente
debemos enfrentarnos a las corrientes, al oleaje y otros
aspectos propios de la rompiente que no podemos menospreciar.
Si,
en estas condiciones, es decir, con el oleaje y la resaca,
lanzamos con una caña ligera que no permita lastrar
el aparejo convenientemente, lo habitual es que nuestro
aparejo “baile” sobre el fondo y se convierta en un
objeto liviano que la corriente mueve a su antojo. El
previsible resultado es que se enrede y no pesque.
Entonces,
a usted, si quiere pescar a fondo en la rompiente, le
quedan dos opciones: Una, utilizar un equipo ligero
y pescar sólo los días en que la mar está bella. Dos,
proveerse de un equipo que le permita ser utilizado
con pesados lastres –al margen de que luego usted decida
montar anzuelos pequeños y cebarlos con gusana para
pescar peces de escasa talla, que puede ser muy divertido
y aconsejable- y pescar donde, cuando y como quiera.
Una
objeción: “Oiga, yo no quiero lanzar a donde rompen
las olas, porque allí se me enreda el aparejo y es más
incómodo”.
Bueno,
usted se lo pierde, pero tenga presente que el oleaje
desarrolla una acción, algo así como de rodillo y rastrillo,
y que levanta –amén de muchas partículas inorgánicas-
muchos animalillos y materia orgánica, que quedan temporalmente
en suspensión y que sirven de comida a los peces. De
otro modo, ¿qué cree usted que hacen los peces vagando
como alma en pena por ese desierto de arena que es el
fondo de una playa? |
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| Además,
estoy convencido que a los peces tampoco les divierte
el oleaje, ni nadan entre las olas por deporte. No,
los peces no son aficionados al surf ni nada que se
le parezca (los delfines sí, pero ese es otro cantar)
y si explotan la rompiente es siempre por alguna razón,
que suele reducirse a lo más simple y prosaico que es,
ni más ni menos que, como decimos los humanos, buscarse
las lentejas, o los gusanos o los cangrejos o lo que
sea, pero, en definitiva, comer.
Por
eso, sea usted consecuente y lance su alimento –con
un anzuelo por medio, claro está- donde lo van a buscar
los peces.
La
caña debe ser larga, de más de tres metros, rápida y
fuerte, de pocos tramos, pero de puntera sensible para
detectar cuanto antes la picada.Esta
elección no es arbitraria, pues está avalada por razones,
tales como que precisamos realizar lanzamientos largos,
y que, además, una vez lanzado, la caña debe quedar
en vertical sostenida por el soporte que previamente
hemos clavado en la arena, a mayor altura que las crestas
de las olas.
El
carrete, además de poderoso, con un freno sensible por
si tenemos que enfrentarnos a grandes piezas, y capaz
de albergar, cuando menos, doscientos metros del 0.40.
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El
soporte de la caña será de acero inoxidable y, si pescamos
en la playa, con el pie de forma espatulada, para mantenerse
más sólidamente en la arena.
Existen
en el mercado diferentes tipos de lastres, algunos de
ellos especialmente concebidos para ofrecer un mejor
anclaje en el fondo arenoso, e impedir así que ruede
el aparejo con los embates de las olas. Tenemos plomos
incluso con pequeños garfios, que ofrecerán gran resistencia
a los desplazamientos causados por la corriente.
Por
último, otro elemento indispensable son las botas altas
–por encima de la rodilla- de goma, aunque en determinados
lugares o en ciertas condiciones, sería más aconsejable
pescar con pantalones de vadear.
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