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| La pesca de la
angula. Primera parte. |
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Durante todo el invierno, estamos en
plena temporada para la pesca de la angula. Es en
estas noches frías de los meses más inclementes, cuando
este diminuto pececillo arriba a nuestras costas y
decide remontar los ríos.
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La
angula es universalmente conocida como un suculento
manjar, pero también es el mejor cebo que se pude
ofrecer “en vivo” a la lubina. Por tanto, quien disponga
de esta carnada, casi casi, se asegura la captura
del bello serránido. En este artículo veremos cómo
se pescan las angulas, aunque, dado que este pez es
cada vez más escaso y nos barruntamos incluso que
se está extinguiendo en nuestras costas, recomendamos
capturarlo únicamente como carnada.
Decimos
esto pues, para cebar nuestros aparejos necesitaremos
tan sólo una o dos docenas, y, en cambio, para cebar
unas cazuelitas con ajos y guindilla, habremos de
capturar una cantidad de ejemplares considerable.
Así
que ya lo saben, si quieren tener el mejor cebo para
la lubina deben proveerse de anguilitas. ¿Y cómo lo
hago? –se preguntará usted-.
Como
siempre, se nos presentan dos alternativas. Las compramos
o las capturamos. |
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| Si
optamos por comprarlas, tenderemos que encontrar un
lugar donde las vendan. Sí, ya sé que en todas las pescaderías,
restaurantes y bares de postín ofrecen angulas por un
nada módico precio. Pero, aunque pudiéramos pagarlas
–lo que no siempre es tan sencillo- éstas que nos venden
no sirven. Y no porque estén muertas (yo he pescado
con angulas muertas y también pican), sino porque están
cocidas, al menos con un “hervor”, que es lo que hace
que se tornen albinas y un poco acorchadas.
Sin
la ayuda de la cazuela, estos pececillos son casi transparentes
y, observándolos de cerca, veremos sus ojos, sus diminutas
vísceras o su espina dorsal.
Enseguida
nos damos cuenta de que comprarlas “frescas” no es tarea
fácil. De hecho, muy poca gente, más allá de los anguleros,
las ha visto frescas, pues, incluso antes de ser comercializadas,
se cuecen o se congelan, o las dos cosas.
Sólo
en algunos –poquísimos- establecimientos comerciales
dedicados a la pesca, hallaremos este cebo vivo.
La
otra posibilidad es acercarse a una piscifactoría que
se dedique al engorde de este pez. Y decimos engorde
porque, en el caso de la anguila, conseguir reproducir
su ciclo completo en cautividad es, hoy por hoy, una
quimera, habida cuenta que este pez sólo freza en el
Mar de los Sargazos, y atraviesa varias metamorfosis
pelágicas hasta convertirse en angula.
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Por tanto, en estas piscifactorías de engorde, mantienen
en cautividad angulas para que se transformen en anguilitas,
que resultan igualmente satisfactorias. Incluso mejores,
si tenemos en cuenta su mayor resistencia o si pretendemos
atrapar lubinas de cierta envergadura.
Opción B. Hemos decidido capturar angulas pensando
en que, además de conseguir una excelente carnada,
podemos darnos una alegría para el cuerpo, aderezada
con ajos y guindillas en cazuela de barro.

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Cuando
lo proponemos en casa, el apoyo es incondicional. “Sí,
Paco, vete a angulas, que están a cuarenta mil el kilo.
Y si traes muchas, las vendemos y hacemos el mes”.
Nunca
una iniciativa de pesca ha suscitado una adhesión mayor,
ni hemos visto a nuestra mujer, marido, hijos, nietos,
madre, nuera, etcétera, tan conformes y de común acuerdo
para que vayamos a pescar.
¿Y
entonces, por qué no está todo el mundo pescando angulas
todo el día y por qué cuestan tan caras? Muy sencillo:
porque hay pocas, poquísimas, cada vez menos; y, además,
sólo se pueden pescar de noche, y cuando la marea está
subiendo; y no en todos los ríos ni en todos sus tramos,
y ha de ser durante el invierno; y sobre todo, porque
pescar angulas es muy cansado y muy aburrido, vamos,
un plastazo –por no decir otra cosa-.
Pero
en fin: jaleado por su parentela y con la secreta esperanza
de conseguir el mejor cebo para las lubinas, supongamos
que usted se decide y pone manos a la obra.
Pues
sólo resta coger el cedazo, el farol y un recipiente
adecuado, y leer la segunda parte de este artículo en
la que se explica cómo capturarlas. |
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