| |
| Pescar fino en
la mar: incrementar nuestro placer. |
 |
|
|
Cualquier forma de pescar debe ser equilibrada.
Y cuando digo equilibrada, me refiero a que el equipo
esté en consonancia con el tamaño y la fuerza de los
peces que se pretendan capturar. Éste no es un asunto
baladí, máxime cuando sabemos que el 90% de los peces
en la mar son capturados con aparejos que no se ajustan
a sus, por lo general, reducidas dimensiones.

|
De este modo desperdiciamos su potencial y no obtendremos
el disfrute que hubieran podido proporcionarnos. Cuanto
más fino pesquemos, más gozaremos cada picada, cada
lucha, cada una de las piezas que se debaten en el
otro extremo del sedal. Pescar, por ejemplo, julias,
con una fuerte caña de lance pesado, un plomo de 150
gr. y un sedal del 0.40, se convierte en pesca de
arrastre. Por desgracia, la mayoría de las julias
se capturan de esta forma. Entonces, ¿qué satisfacción
pueden proporcionar estos modestos peces de magníficos
colores? Escasa, sin duda.
Es preferible perder de vez en cuando un pez que
exceda las dimensiones para las que está concebido
nuestro aparejo, que “remolcar” el resto –la mayoría-
hasta tierra. |
|
| Conozco a un aficionado
que dice estar enganchado a las minitallas y utiliza
finísimas cañas de acción parabólica y sedales de menos
del 0.14. Sé que es un gran pescador, que lleva mucho
tiempo practicando esta afición y que ha capturado casi
todo lo capturable.
Pues bien: afirma que la pesca
con aparejos ultra ligeros es lo que más placer le produce,
y yo no soy quién para ponerlo en duda.
Pero quizás en el término medio se
halle la virtud, aunque si insisto tanto en aligerar
el equipo es porque, el pescador de mar en general,
y el que pesca a fondo o al lance pesado en particular,
suele mostrar una tendencia invariable a sobredimensionar
sus aparejos.
El resultado es que apenas percibe
la picada, no da ninguna opción al pez una vez clavado,
y se limita a traerlo hacia sí, con el freno cerrado
y a la máxima velocidad que le permite su poderoso carrete,
como si trajese un peso muerto.
Esta costumbre de utilizar aparejos
demasiado fuertes está arraigada también entre algunos
pescadores de aguas continentales, si bien en menor
medida. De ahí que algunos de ellos, sobre todo aficionados
al coup o a la pesca a mosca, se horroricen cuando
observan a sus colegas de agua salada y clamen al unísono:
“Esto no va con nosotros”. O, simplemente, “esto no
es lo que entendemos por pesca deportiva”. Lo triste
es que, en la mayoría de los casos, no les falta razón.
|
|
| Afortunadamente, cada vez son más los pescadores
de mar que reparan en el sinsentido que supone emplear
aparejos demasiado pesados, cuando la mayoría de sus capturas
no alcanzan los 200 gr. de peso.
Claro, siempre cabe pensar que, un día, puede picar
esa maravilla de 5 kg. y, entonces, debemos estar preparados.
Pero, por desgracia, esto no es así. Primero porque
ese pez de 5 kg. no pica nunca y, segundo, porque cuando
pica, no sabemos cómo, pero se escapa o nos rompe.
Así que, lo más inteligente, sería aceptar esta realidad
y tratar de sacar el mayor gozo de cada uno de los peces
que se interesan por nuestro aparejo y, para ello, sólo
es necesario reducir la potencia de nuestro instrumental. |
Además
–y no es que quiera entrar en cuestiones crematísticas-,
nuestra afición nos saldrá considerablemente más barata.
Comencemos
por la caña. ¿Para qué quiere utilizar una potente
caña de lanzado de grafito o de carbono de última
generación? Bastará con una caña estándar de fibra
de vidrio, de acción media o tirando a blanda, que
está disponible por un precio mucho más económico.
Por supuesto, los materiales de última generación
ofrecen muchas más prestaciones y, en manos de un
experto, pueden ser una herramienta que, aparte de
conseguir más capturas (aunque no muchas más) permitan
“sentir” más al pez.
Pero
para un aficionado común, que se faja habitualmente
con capturas que oscilan entre los 50 gr. y los 300
gr., las diferencias serán imperceptibles.

Otro tanto podemos decir del carrete:
por muchos rodamientos que contenga y mucho sistema
anti-balanceo, freno sumamente preciso y progresivo,
etcétera, la mayoría de los carretes de mar que se comercializan
por un precio razonable, cumplen su cometido a la perfección.
Ni necesitamos almacenar más de 200 m. de sedal, ni
que pese unos cuantos gramos menos –máxime cuando estamos
pescando al lance pesado y no precisamos tener la caña
en las manos más que para lanzar recoger-, ni ninguna
otra característica de los carretes de competición.
Respecto
a los sedales, es conveniente utilizar alguno que nos
ofrezca cierta confianza –que son casi todos-, que no
se torsione demasiado y con una resistencia a la abrasión
dentro de los parámetros estándar. Pero, repito, la
mayoría de las casas comerciales ofrecen productos más
que dignos a buen precio y que, con un diámetro relativamente
fino, aguantan pesos considerables. Por tanto, salvo
para pescadores expertos, que a veces necesitan unas
prestaciones excepcionales, la inmensa mayoría de los
monofilamentos disponibles en el mercado con un diámetro
entre el 0.18 y el 0.30, serán más que suficientes.
El uso
de sedales trenzados o de monofilamentos especiales
sin apenas elasticidad, o bien de diámetros de más del
0.40 ó de menos del 0.14, queda reservado a pescadores
expertos o a ocasiones excepcionales que, en la práctica,
son las menos. |
| |
|
|
|
|