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| La pesca habitual |
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Texto
y fotos: Javier García-Egocheaga
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Lo habitual es no pescar
nada. O pescar muy poco. Todo lo que no sea eso, es
decir, siempre que pesquemos algo, cualquier cosa,
ya habrá constituido un triunfo.
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¿Les parezco muy pesimista? Quizás,
pero pretendo ser objetivo, y si llevamos a cabo un
recuento de los aficionados que practican su afición
en nuestras costas un día cualquiera y las
capturas de cierto porte que se han conseguido dicha
jornada, veremos que no sale ni a una por individuo.
Vaya por delante que siempre me estoy refiriendo
a las costas españolas y que esto no es extrapolable
a otros puntos del planeta, donde salir a pescar se
ajusta a su significado original.
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Aquí, por desgracia, "ir de pesca"
ha tomado diversas acepciones con el paso del tiempo,
que hoy equivalen a cosas tales como salir a dar un
paseo por la costa (en caso de practicar spinning),
a sentarse plácidamente a pasar la tarde junto
al agua (en el supuesto de la pesca a flotador), a
contemplar las estrellas en la tranquilidad de la
playa nocturna (si lo que nos tira es el surfcasting),
y así otras muchas.Varios significados en los
que, en ningún caso se contempla la captura
de peces. Como mucho, la intención de conseguirlo,
que ya es algo.
Por eso, en un ejercicio de posibilismo, nos vemos
forzados a plantearnos cuál o cuáles
son las especies que con mayor facilidad podrán
acabar enganchadas en el extremo de nuestra línea.
En caso de que queramos pescar algo, naturalmente.
Una vez que nos formulamos este tipo de preguntas,
las respuestas a las mismas nos llevarán a
realizar una pesca mucho más consecuente con
nuestras posibilidades y, sobre todo, con las de nuestro
entorno.
Porque, como ya hemos dicho por activa
y por pasiva, nuestras costas están arrasadas.
Básicamente por dos factores: la contaminación
y la pesca comercial Por supuesto, muchos otros agentes
nocivos, pero, también, de mucha menor envergadura.
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| Por
cierto, que hace poco leía que una cofradía
de pesca había hecho público su malestar
por la escasez de capturas y culpaba a un club de pesca
submarina, como causante de esta merma. En concreto,
achacaba a los concursos de pesca submarina celebrados
en las inmediaciones de su caladero el descenso de las
capturas comerciales. Y lo peor es que ese tipo de acusaciones
tienen bastante eco mediático y confunden a la
opinión pública. O sea, que unos pescadores
submarinos que celebran un concurso y que matan unas
cuantas docenas de lisas (mugílidos) y algún
que otro durdo (lábrido) y poco más -que
vienen a ser las capturas habituales de este tipo de
concursos-, son los responsables de que las artes vengan
vacías. Pues no, señores. Las artes vienen
vacías porque antes vinieron demasiado llenas. |
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Llenas de peces con valor comercial, pero también
rebosantes de alevines y de especies no comerciales
sacrificadas inútilmente. Y además no
se respetaron las vedas ni los sitios protegidos.
Y la luz de la malla se hizo progresivamente menor,
para atrapar todo lo que se moviese por la mar océana.
Y se utilizaron artes y métodos ilegales. Y
con la excusa de hacer cebo para las costeras del
bonito, se enmalló mucha pesca de poco tamaño.
Y se largaron volantas de cientos de kilómetros
(sí, cientos, no es una errata) a la deriva
para barrer literalmente los océanos. Y los
arrastreros destrozaron los lechos de la plataforma
continental para llevarse todo lo que tuviera vida.
En fin, que prefiero no seguir y que, aunque estoy
hablando en pasado, pueden ustedes ponerlo en presente
sin temor a equivocarse.
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Lo
cierto es que en los últimos 20 años hemos
visto algunas especies de alto valor comercial (caso
del besugo en el Cantábrico, por ejemplo) prácticamente
extinguirse en aguas donde, hasta entonces y desde hacía
miles de años, eran abundantes. Y muchas otras
especies apetecibles quedar bajo mínimos, hasta
el punto de que su captura se considera anecdótica.
La contaminación ha tenido mucho
que ver con esto. De eso no hay duda. Pero hoy en día
existe mucho mayor control en cuanto a vertidos, aguas
contaminadas, filtros en la industria, etcétera,
que hace veinte años, y, sobre todo, más
conciencia por parte de todos, incluidas las instituciones.
Lo que todavía no parece plantearse en serio
es la abolición de un modelo pesquero que no
es viable ni un día más y que, cada hora
que pasa, evidencia que es pan para hoy (ya ni siquiera
eso) y hambre y destrucción para un mañana
que ya es presente. Por mucho que algunos echen la culpa
a los sufridos pescadores deportivos, sean los submarinos
o los que emplean cualquier modalidad de superficie.
La pesca comercial no puede continuar
tal y como la conocemos. Necesitamos cambios drásticos
para salvar lo que se pueda y tratar de invertir el
proceso de deterioro antes de que sea irreversible.
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