Apuntes sobre la pesca del pulpo.  
Texto y fotos: Javier García-Egocheaga javier@granpesca.com

Este animal, de enorme fuerza y espectacular diseño biológico, puede ser capturado de muchas maneras distintas en muy diversas condiciones y, a su vez, con una amplia gama de señuelos y técnicas de pesca. Su periodo de actividad es casi permanente, aunque, como el resto de los cefalópodos, prefiera las horas nocturnas para cazar.

El pulpo es un animal curioso, que tiene en su haber tantos depredadores como víctimas, por lo que su reacción es siempre imprevisible, pero, frecuentemente, cauta. Esto es posible comprobarlo cuando, bien en una poza dejada por la marea, bien en una playa o cualquier otro espacio marino de poca profundidad, nos topamos con un pulpo. Habida cuenta de que el animal no sabe cómo vamos a reaccionar, él tampoco hace nada en un primer momento, y suele optar por permanecer a la expectativa, observándonos con sus grandes ojos miopes que mueve en todas direcciones.

Al igual que las sepias, también le es dado cambiar de coloración e incluso de volumen y aspecto. En efecto, el pulpo puede aparecer con la piel rugosa, encrespada, lisa, verrugosa etc., o introducirse piedras y arena en el capuchón que forma la cabeza para aparentar más tamaño.

Si desplazamos lentamente la mano hacia él, cuidando de no asustarlo y moviendo los dedos, el pulpo, llevado por su natural curiosidad, aproximará a su vez un tentáculo explorador y nos tocará la punta de los dedos, algo así como un encuentro extraterrestre en la tercera fase, para cerciorarse de qué estamos hechos y qué intenciones albergamos. Después, es posible que nos atrape la mano con sus ocho tentáculos y nos trepe por el brazo, o que perciba algo que no le inspira confianza y se pliegue sobre sí mismo, huyendo marcha atrás, como si volase impulsándose con una sola ala cónica que abriera y cerrase.


Un bonito pulpo pescado por la noche.

El pulpo no es un gran nadador; de hecho es el peor nadador de todos los cefalópodos y sólo nada cuando se desplaza bruscamente o huye de algún peligro, pero nunca grandes distancias. Prefiere reptar por el fondo, donde busca alimento y cobijo en los agujeros y grietas abiertos entre las piedras, aunque tampoco es infrecuente encontrarlo camuflado entre las algas o, simplemente, abierto sobre la arena, con su típica forma radial.

De su variada conducta se desprende, a su vez, su variedad de presas y de depredadores, y podemos afirmar que es un cazador oportunista y con escasos patrones fijos de conducta.

Esto es importante tenerlo en cuenta si pretendemos pescarlo. Tendremos que sopesar muy variadas técnicas, de las cuales muchas o muy pocas serán efectivas, dependiendo por tanto, de factores circunstanciales, tales como el tipo de fondo, la profundidad etc.

Por poner un ejemplo revelador en este sentido, diremos que tan válido puede resultar un trapo blanco cubriendo un gran anzuelo en la punta de una larga vara de bambú, como un trozo de pescado ensartado en una ancorita durmiendo sobre el fondo a decenas de metros de profundidad, como un simple arpón en las pozas formadas por la bajamar. Todo depende de las circunstancias en las que se emplee.

Existen mil formas de capturarlo, pero las más empleadas por el pescador deportivo pasan por la utilización de señuelos artificiales. El más rudimentario (e ingenioso) de estos señuelos sería la pulpera compuesta por una ancorita –también conocida por robador o potera- lastrada que se esconde bajo un trapo blanco.

Su modo de empleo es bien simple: sólo debemos introducirla con cuidado por las grietas entre las rocas o bien pasearla con suavidad por el fondo, y es muy útil a “pulpo visto”. Está técnica se ejecuta a mano, y, en vez de sedal, utilizaremos un fuerte cordel.

Pero no olvidemos que el pulpo, como cefalópodo que es, “picará” sin reparos a todos los artificiales concebidos para esta familia de moluscos marinos. Nos referimos a las guadañas y a los modernos peces para calamares y sepias.

El problema que plantea esta pesca con sedal, es que el pulpo se encuentra siempre en el fondo, nunca nadando entre dos aguas. Y si el lecho es de roca, tan pronto abrace el señuelo, se pegará con sus ventosas y romperá nuestro aparejo sin que podamos moverlo. Por tanto, sólo será realmente efectiva esta pesca en lechos blandos, de arena o fango, donde no encuentra sujeción.

Esto mismo se puede aplicar, lógicamente, si pescamos pulpos con cañas de lanzado y cebo natural, aunque, en este caso su captura será ocasional. Resulta habitual que el pulpo ataque nuestro cebo, sobre todo si éste es de cierta talla. Así, por ejemplo, encarnando con cangrejo vivo o con un trozo de pescado, podremos clavar pulpos con relativa frecuencia.

Una vez capturado, en caso de que no deseamos devolverle la libertad –que sería siempre lo preferible- debemos matarlo cuanto antes, evitándole sufrimientos inútiles o que se nos escape, lo que hará muy probablemente si lo dejamos vivo. La forma más efectiva y rápida consiste en clavarle un cuchillo entre los ojos. En ese punto convergen sus terminaciones nerviosas más importantes y algo así como tres corazones primitivos dispuestos en triángulo que bombean una sangre que, -por no poseer hemoglobina- se vuelve, en vez de roja, de un color azul oscuro al contacto con el aire.

Si no tenemos un cuchillo, podemos meter los dedos por debajo del capuchón que forma la cabeza y darle la vuelta como un calcetín o, como hacen muchos profesionales, morderle entre los ojos. Lo malo es que, si no se está muy familiarizado con este animal, este eficaz método da un poco de asco y se corre el riesgo de no matarlo y acabar con sus ojos en la boca, lo que puede dar más asco todavía.

 

 

- subir al principio - ir a reportajes mar principal -

   
En la red desde el 1/1/2.000 Todos los derechos reservados Granpesca S.L. 2.000 - 2.004