¿Qué hacer si los peces
no pican?
Como
primera medida, no desespere. En caso de que esté
pescando con boya, súbala hasta que su cebo quede
casi al nivel del fondo. Si está lanzando a fondo,
pruebe a cambiar de carnada y a lanzar a otros sitios.
Si pesca con artificiales, cambie de señuelo, comience
a lanzarlo en otras direcciones, varíe sus movimientos
y velocidad, etc.
Si
nada de esto resultase, compruebe si hay pescadores
en las inmediaciones; en caso afirmativo, acérquese
a ellos y, haciéndose el distraído, pregunte qué tal
les va, en plan indiferente; acto seguido trate de
sonsacarles lo que han pescado, cómo y con qué, pero
procurando que no se le note el interés.
En
caso de que ellos estén capturando buenos peces, tome
buena nota de cómo lo están haciendo y regrese a su
puesto de pesca. Después cópieles con absoluto descaro.
Si
todo esto falla, se le presentan a usted dos opciones:
1ª
Desespere y vuélvase a su casa. Mañana será otro día.
2ª
Permanezca en su puesto de pesca, pero ya sin esperanzas
de ningún tipo. Dedíquese a contemplar el brillo
del agua del pantano, río o la inmensidad de la
mar océana. Relájese observando las aves marinas
–como las gaviotas, alcatraces, araos etc.- o lacustres
–como garzas y garcetas, diversas anátidas etc.-,
incluso, si se encuentra usted en un límpido arrollo,
quizás tenga ocasión de contemplar un simpático
y colorido martín pescador o una nutria nadando
con gracia y agilidad.
¿Qué hacer si los peces pican y no
los atrapo?.
El caso es que parece que pican y no hace usted
más que reemplazar su sabrosa carnada -quizás sus
exquisitas gusanas, de esas de más de cuarenta duros
la cajita o esas lombrices tan difíciles escurridizas-.
Resulta que los peces se están dando un banquete
a su costa y a usted le está saliendo la tarde más
cara que una de toros en barrera de sombra y puro
habano. ¡Vaya por Dios! ¿Y qué ha pescado? Nada.
No
se preocupe. De momento deberá consolarse pensando
en que su inteligencia o sus buenos duros en cebo
están consiguiendo su objetivo que es, ni más ni menos,
engañar a los arteros bichos que moran en las profundidades
acuáticas. El problema aparece cuando comienza usted
a sentirse engañado por ellos y no al revés, como
debiera ser. En ese caso, concéntrese en las picadas
y ponga a prueba sus reflejos. Dé suaves tironcitos
cada vez que pican y trate de clavarlos, pero siempre
con suavidad, con un golpecito de muñeca, así, plic,
plic, plic, hasta notar sus desesperadas sacudidas
que indican, sin lugar a error, que están presos.
Si
nada de esto funcionase y usted ha intentado ya todo
para clavarlos pero no hay manera, no se dé por vencido.
Ha llegado el momento de que tome usted una determinación
drástica; esto es, cambie el anzuelo por uno mucho
menor. Con renovada confianza tras el cambio, piense,
“a ver quién se ríe ahora”, y siga poniendo anzuelos
cada vez menores hasta que consiga atrapar al liliputiense
que se come su carnada.
Una
vez haya ocurrido esto, tras haber cambiado de anzuelo
una docena de veces, suelte al pobre animalillo
para crezca y algún día, usted, o alguien como usted,
pueda pescarlo en estado adulto. Quédese con el
consuelo de que ha vencido usted, que no es poco.
¿Qué hacer si los peces pican y los
atrapo?.
Esta
es la situación ideal para el pescador que, afortunado
él, ha conseguido engañar a los peces para que piquen
y, además, los ha capturado. Sin embargo, en este
momento, se plantea la disyuntiva: ¿Me llevo a casa
la pesca o la devuelvo al agua?
Cualquiera
de estas acciones es legítima, pero no se lo piense
mucho pues si, finalmente decide liberar la pesca,
corre el riesgo de que sus cavilaciones hayan acabado
con ella –próximo estreno: ”La mente asesina del pescador
dubitativo”- lo que sería una lástima y una contradicción.
Así
que, decida lo que decida, decídalo pronto, a poder
ser antes de comenzar a pescar, y así no tendrá
que plantearse la disyuntiva con el pez coleteando
desesperado y aspirando oxígeno en cantidades demasiado
elevadas para su organismo, que acabarán matándolo.
Una
vez capturado el pez, el pescador deportivo, por
decirlo de alguna manera, ya ha cumplido. ¿Qué gana
usted arrebatando a las aguas ese indefenso pececillo?
–Mucho,
porque la mujer me lo pone en la sartén y se evita
la compra de la semana.
En
ese caso, llévelo a casa. Pero si la verdad es que,
una vez en el fregadero, será aborrecido por su abnegada
esposa -a quien le ha sido concedido unilateralmente
el placer de limpiarlo-, y a sus hijos no les gusta
ese pescado –que han sido agraciados también unilateralmente
como destinatarios finales del pez- y también aborrecerán
la novedad llena de espinas; si, en definitiva, nadie
quiere que ese pez irrumpa con violencia en la tranquila
rutina doméstica, es mucho más aconsejable que tenga
usted la cámara de fotos preparada y, después de desanzuelarlo
con cuidado, lo suelte mientras se saca la foto que
valdrá más que mil palabras.
Además,
lo de la foto, tiene la ventaja de que a todo el mundo
le gusta –nadie tiene la obligación de limpiarla y
comérsela- y queda fardona en el bar, en la oficina,
incluso en las revistas de pescaque premian a los
amnistiadores de peces y publican la foto con su nombre
y apellido.
Y
si, además, quiere usted ser reconocido y valorado
a lo largo y ancho del ciber-espacio, mándenos la
foto a email@granpesca.com
y nosotros
nos encargaremos de que así sea. Amén.