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| La pesca del salmonete. |
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El salmonete es un pez precioso, de una
librea fantástica en la que se combinan armoniosamente
varios colores que van, desde el amarillo hasta el
rosa, pasando por tonos violetas, morados, marfil,
naranjas etc. Pese a su escaso tamaño, este pez será
un digno rival en el extremo de la línea y constituirá
una captura siempre grata al pescador deportivo, tanto
por su desconfianza y su encarnizada lucha, como por
su valor gastronómico que en nada tiene que envidiar
a ningún otro pez.
El pez.
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| El
color rojo del salmonete se consigue escamándolo, sobre
todo recién pescado, antes de que muera. Recordaré siempre
que la primera vez que pesque uno, me quedé unos segundos
contemplándolo extasiado, antes de comenzar a escamarlo
como ya había visto –no sin cierta envidia- hacerlo
a otros pescadores. Para ello lo sujetaremos con la
mano izquierda, mientras pasamos la uña del dedo pulgar
de la mano derecha en dirección contraria a las escamas,
es decir de cola a cabeza. Sus gruesas escamas se desprenden
fácilmente y el pez toma el característico color rojo.
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Es abundante en todas nuestras costas
y está representado por dos especies, la de roca –o
nuestro salmonete común y más típico- y la de fango,
que se reconoce por su menor tamaño, su escaso colorido
que tiende al gris, su peor sabor y mayor abundancia
de espinas.
Pero volviendo a la pesca, la técnica
que aquí les proponemos es sencilla y da excelentes
resultados para capturar salmonetes de mediano tamaño
en las zonas que éstos frecuentan.
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Su pesca.
Antes
que nada debemos determinar un lugar donde podamos
asegurar su presencia, como es el interior de los
puertos pesqueros, las bahías y, en general, donde
encontremos lechos de fango –donde se juntan a veces
representantes de las dos especies antes mencionadas-
y arena.
No
podemos olvidar que el salmonete es un pez de régimen
bentónico, que siempre come en el fondo, y si lo vemos
nadando a media agua tratar de que acuda a nuestro
cebo sería perder el tiempo pues, en ese caso, es
seguro que se está desplazando y no probará bocado.
La forma de comer del salmonete consiste en hozar
en el fondo marino con sus barbillones sensibles,
con los que detectará pequeños organismos que le sirven
de alimento. Para ello realizará una constante peregrinación
por el lecho de su territorio buscando comida, y es
frecuente, si buceamos o el agua es lo suficientemente
clara, descubrir el rastro del salmonete por los surcos
negruzcos que va dejando en la arena tras de sí, en
esta peculiar andadura.
Sin
embargo, este pez se entrega tanto a su labor rastrilladora
que, a menudo, no detectará el cebo hasta que no se
tope literalmente con él, y para entonces, cabe la
posibilidad de que otros peces más prestos y avizores
se hayan encargado ya de comérselo, con gran disgusto
por nuestra parte.
Resulta
habitual el hecho de que uno o varios salmonetes vayan
acompañados de pequeños sargos, que dan buena cuenta
de los microorganismos que deja al descubierto, mientras
el paciente salmonete cava con su hocico. Estos pequeños
sargos se lanzarán sobre nuestro sabroso cebo mucho
antes de que el salmonete se percate de su presencia.
Por tanto, recomendamos que el cebo sea abundante
y ya, dicho esto, veremos cómo pescarlo.
Una
vez seleccionado el lugar de pesca -dijimos que el
interior de los puertos con lecho fangoso puede ser
idóneo- montamos un aparejo de fondo con un plomo
de oliva, terminado en un quitavueltas del que pende
una pata de sedal más delgado (0.18 por ejemplo) de
unos treinta cm. y rematado en un pequeño anzuelo
(mi preferencia es de tipo recto y fino, muy afilado
y de carbono). Lo cebaremos con alguna clase de anélido
-cualquier gusana marina es apropiada para esta pesca,
aunque recomiendo el gusano rojo o de coco- y lo lanzamos
siempre al mismo punto, para luego ir recogiendo muy
lentamente con frecuentes paradas a fin de que le
dé tiempo a picar (recuérdese que el salmonete no
es lo que se dice un gran predador). |
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| Las
razones para lanzar siempre al mismo punto y recoger
siguiendo el mismo camino son varias. Por una parte,
es muy común que el fondo esté colonizado por otros
peces poco interesantes desde el punto de vista deportivo,
como son los gobios de arena y diversos blénidos, que
son, sin embargo, muy territoriales, por lo que es mejor
pescarlos cuanto antes y "quitarlos de en medio"
devolviéndolos al agua vivos, por supuesto, pues generalmente
(¡conozco excepciones!!!) no volverán a picar.
Por otro lado, los fondos de los puertos y las bahías
suelen ser verdaderas selvas de cabos abandonados, estachas
podridas, trozos de redes, desperdicios, plásticos etc.
con lo que el peligro de enganchar el aparejo se incrementa
mucho si lanzamos cada vez a un punto distinto, para
luego ir recogiendo con el aparejo reptando sobre el
fondo. Por último, siguiendo siempre la misma trayectoria,
y habiendo elegido un camino limpio de todo lo anteriormente
citado, crearemos un rastro olfativo fácil de seguir
para el salmonete.
No
debemos olvidar tampoco, que éste se encuentra en continuo
movimiento mientras busca comida, pues su estrategia
no se basa en la espera, -como podría ser el caso de
un salvario, un pez plano o cualquier otro personaje
bentónico que caza camuflado o enterrado en el fondo-
sino, muy al contrario, en la búsqueda activa mediante
el desplazamiento por el lecho marino.
La
gusana con la que cebamos el anzuelo debe estar entera.
Ya dijimos que es aconsejable ofrecer un buen bocado,
ya que puede ser atacado al mismo tiempo por pequeños
sargos que siguen a los salmonetes y, además, porque
nuestro pez es menos oportunista y rápido que ellos.
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| Cuando
clavemos hay que hacerlo con decisión, pero no de forma
brusca, pues se corre el riesgo de romperle la boca,
que es bastante delicada.
Mi
forma favorita de ejecutar esta técnica es pescando
a mano, es decir, con un aparejo simple o chambel, sentado
en un amarre del puerto. ¿La escasa profundidad? No
es un problema, máxime si el agua está oscura, y, respecto
al macizo, el mejor que conozco es haber excavado previamente,
para capturar la gusana del cebo con la bajamar, en
la zona en la que nos disponemos a pescar en pleamar.
Sólo
resta decir que, pescando de esta forma, podemos capturar,
además de salmonetes, peces planos, sargos, anguilas
y, en general, casi todos los peces bentónicos de escaso
y mediano tamaño. |
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