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| Sargo breado: el
gran desconocido. |
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El Sargo breado, también llamado real
o imperial, es uno de los sargos más raros, más sabrosos...
Y el que puede alcanzar mayor tamaño, algo así como
el Primo de
Zumosol de la familia.
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Nos encontramos ante un pez “de lujo”:
exquisito en la mesa y combativo como pocos en el
anzuelo. Añadiría que, de todos los sargos, éste es
mi favorito, aunque esto no quiera decir nada, pues
ya se sabe que para gustos están hechos los colores.
En todo caso, los que presenta este animal son verdaderamente
característicos, con una librea que lo hace inconfundible.
Vamos a conocerlo un poco mejor.
Este sargo, cuyas denominaciones científicas son
Sargus cervinus,
Sargus trifasciatus, Johinius trifasciatus, Diplodus
trifasciatus, Charax cervinus.... recibe a su
vez distintos nombres vulgares, entre los que encontramos:
Sargo breado, bedao, vedao, barriao, monjón, sargo
imperial, real, etcétera.
Su silueta es parecida a la del sargo común, con
el cuerpo ovalado y comprimido, típico de la familia
a la que pertenece.
Sin embargo, aparte de la librea –sobre un fondo
dorado se disponen gruesas franjas transversales color
chocolate- se diferencia claramente por la boca. Posee
unos labios bastante carnosos y gordos, y su dentición
es muy peculiar: grandes incisivos y, separados de
estos, pequeñísimos molares.
Crece más que cualquier otro sargo, llegando a rebasar
los 50 cm. de longitud, y puede vivir incluso a 300
m. de profundidad. |
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Sus aspectos reproductivos –como
tantos otros en este pez- no han sido muy estudiados,
pero casi todos los ictiólogos consultados, coinciden
en señalar la época de freza entre los meses de enero
y mayo. Lo cierto es que, durante el verano, resulta
frecuente encontrar juveniles de esta especie, de unos
5 cm. de longitud, engrosando los desordenados bálamos
que forman otros espáridos del genero diplodus, como son las mojarras y los sargos comunes.
Su
distribución, si bien abarca toda nuestro litoral,
es muy desigual, y sus poblaciones fluctúan de forma
considerable en una misma zona sin que conozcamos
con exactitud el porqué.
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Hay autores que sugieren una progresiva
expansión de la especie hacia aguas más septentrionales,
extendiéndose hacia el norte por el Golfo de Vizcaya.
No obstante, cada vez resulta más raro encontrar buenos
ejemplares, ya sea en zonas mediterráneas, cantábricas
o atlánticas. Además, parece ser sumamente vulnerable,
a tenor de lo que se desprende del recuento de sus
poblaciones en aguas protegidas, si las comparamos
con las de los tramos más castigados de nuestras costas
-donde el número de ejemplares disminuye drásticamente-.
Respecto
a sus costumbres, nos hallamos frente a un pez muy
tímido, quizás el más receloso de todos los sargos,
lo que añade cierto encanto a su captura, un aliciente
más que nos brinda su natural desconfianza.
Las
particularidades en sus hábitos frente al resto de
los sargos, se acentúan con la edad. Aunque los individuos
jóvenes se comporten de forma parecida a los demás
componentes de la familia diplodus
y, de hecho, ya señalamos que se encuentran a menudo
mezclados entre ellos, a medida que crece nuestro
pez desaparece su espíritu gregario y comienza a separase
en pequeños grupos que, más adelante, se dividirán
a su vez en parejas o incluso en individuos solitarios.
A
lo anterior, se une la tendencia de los sargos breados
por ocupar zonas de mayor profundidad, donde se establecerán
al llegar al estado adulto y pocas veces abandonarán
ya.
Sólo
cuando el sol desaparece en el horizonte o en condiciones
de gran turbiedad de las aguas costeras, suben a cotas
de menor profundidad, por lo que su pesca desde tierra
suele efectuarse de noche o durante las últimas horas
de las tardes estivales.
También
el otoño constituye una magnífica estación para acosarlos,
teniendo presente siempre que la falta de luz o la
oscuridad del agua, serán los únicos factores que
posibiliten que este pez se acerque a tierra lo suficiente
para ponerse a tiro de nuestras cañas.
Por eso debemos buscar los canales
que se desplazan por el fondo incrementado su profundidad,
o las cortadas submarinas que dan paso a lechos que
descienden en pendiente. Estos lugares “de subida”
pueden resultar muy fructíferos para el aficionado
que logre colocar ahí su aparejo. |
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| El tipo
de fondo que prefiere el sargo breado cambia según el
tamaño o las aguas donde nos encontremos, pero lo ideal
suele ser uno de tipo mixto, con tramos de arena, roca
y fango. Nuestro pez siente una especial querencia por
estos lechos “suaves”, ricos en invertebrados que constituyen
en gran medida su alimento. El 90% de las veces que
me lo encuentro debajo del agua –por lo general individuos
inmaduros- lo hallo vagabundeando sobre un lecho de
arena o de fango flanqueado por rocas y algas, y rara
es la vez que me permite acercarme hasta tenerlo a tiro
de fusil.
También frecuenta las proximidades
de las desembocaduras de las rías, en especial tras
unos días de lluvia que engordan el agua y transportan
abundante materia orgánica, pero no se introduce en
los cursos de agua dulce tanto como el sargo común o
la dorada. |
| Hemos de
saber que se trata de un pez de régimen casi bentónico,
que en contadas ocasiones se desplaza hasta zonas superficiales,
y raramente come entre dos aguas.
Nos
encontramos ante una pesca de espera, en la que emplearemos
grandes y fuertes cañas de lanzado, que llevarán nuestros
cebos a zonas de cierta profundidad. El aparejo recomendado
para este pez es uno de fondo, con un plomo corredizo
que garantice la inmovilidad del mismo sobre el lecho
marino y un bajo de línea no demasiado grueso, para
no infundirle sospechas.
También
las zonas de paredes rocosas y cortados sobre la mar
son buenos lugares, siempre que haya bastante profundidad.
En este caso podremos pescar a pulso o, si lo hacemos
a corcho, dando mucho calado al aparejo.
Lo
normal será pescar más sargos comunes y mojarras que
sargos breados, pero al final, todo llega.
Nuestro
pez puede alcanzar un peso considerable y la batalla
que presenta es siempre feroz. Así que la caña debe
estar en consonancia y, en general, todo el equipo preparado
para aguantar sus embestidas.
En todo
caso, dado que el número de individuos que patrullan
una determinada zona no suele ser numeroso –salvo bálamos
excepcionales- y que es, de por sí, un pez considerado
en muchos lugares como “raro”, conviene emplear un aparejo
polivalente, que nos posibilite también la captura otras
especies.
Mi
preferencia es la de utilizar bajos de una braza y de
un grosor del 0.30. Empato un solo anzuelo para evitar
enredos, de tamaño medio y pata corta. |
Ya
hemos dicho que su dentición es muy distinta a la de
otros grandes espáridos, como la dorada, y presenta
escasos molares, y, consecuentemente, mandíbulas menos
poderosas que las de este otro espáridos especializado
en moluscos y crustáceos acorazados, por lo que los
anzuelos no tienen por que ser especialmente robustos.
Teniendo
esto en cuenta, podemos adivinar su alimentación y,
en buena lógica, el tipo de cebo más adecuado. Es omnívoro
pero, al igual que el resto de los sargos, tirando a
carnívoro. Su dentición sugiere un tipo de alimento
no demasiado duro y sus gruesos labios indican sensibilidad
y tacto preciso en la búsqueda de sus presas.
Pica
muy bien a aparejos cebados con moluscos sin cáscara,
pequeños cangrejos –enteros y vivos o troceados- y anélidos
de todo tipo. El cangrejillo de arena o galera, suele
ser una buena opción, sobre todo en fondos blandos.
Asimismo, otro cebo que no suele fallar es el ermitaño,
sobre todo los ermitaños gigantes del Mediterráneo,
de los que no disponemos en el Cantábrico y que alcanzan
un tamaño suficiente para cubrir un anzuelo de dimensiones
considerables.
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Como
anécdota, solo me resta decir que los dos últimos sargos
breados que he capturado picaron a gusano de coco o
rojo, pero estoy casi convencido de que hubieran entrado
igual de haberse topado con una coreana, tita, americana
o de rosca, ocultando mi anzuelo. |
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