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| Señuelos
artificiales. Segunda parte. |
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Sobre los señuelos se ha escrito mucho,
pero nunca es suficiente.
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La
industria de la pesca deportiva, se encarga de ofrecernos
todos los modelos imaginables que puedan engañar al
pez. A medida que crece este mercado, se incrementa
también la investigación y la sabiduría de las casas
comerciales, y llenan los comercios especializados
de todo tipo de fauna artificial, que, en ocasiones,
nos tentará más a nosotros mismos que al propio pez.
Sin
embargo, lejos de negar la eficacia de estos señuelos,
-que es evidente y, de hecho, me confieso ser el primer
entusiasta y amigo de probar todas las novedades posibles-
sí debemos advertir al neófito que no todos ellos
conseguirán pescar en todas las condiciones, o, mejor
dicho, que todos ellos pescarán, pero sólo cuando
se den las condiciones propicias, a veces, muy difícilmente
pronosticables.
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Los
señuelos actuales cubren todos los gustos y tenemos,
desde los que funcionan muy bien recogiendo a muy
poca velocidad, hasta otros en los que es necesario
cobrarlos tan rápido como los antiguos voladores de
plomo y pelo de chivo.
Además,
podemos elegir entre los que nadan a varios metros de
la superficie o los que saltan a flor de agua; los que
tienen un elevado peso para ser lanzados a larga distancia,
los que imitan a la perfección al cebo natural o los
que se inspiran en monstruos “tecno” del ciberespacio,
los de colores neutros o los de colorido chillón, sin
olvidar los que nadan silenciosamente o los que poseen
artificios que producen sonidos varios etc.
En
definitiva: hay mucho donde elegir y pronto nos encargaremos
de describir los tipos principales, aunque seguro que
alguno se nos queda en el tintero –pido perdón de antemano,
pero háganse cargo, uno no puede dar abasto; seguro
que el aficionado que conozca mínimamente el tema lo
comprende-. |
El
principal problema que originan es, precisamente,
la elección del más adecuado para cada circunstancia,
lo cual es casi imposible de explicar en un libro,
dado que cada tramo de la costa, cada día del año,
cada hora, determinan unas circunstancias particulares
que, a su vez, deben decidir la elección del señuelo
en cada ocasión. |
Para
elegir correctamente, al margen de posteriores consideraciones,
lo primero que se habrá de tener en cuenta es adónde
queremos lanzarlo y si nuestro material (caña, carrete
y sedal) permite dicho lanzamiento. En otras palabras,
debemos saber si el peso del señuelo es suficiente
para poder lanzarlo con nuestro equipo y después,
si nadará
correctamente en las aguas donde lo lancemos.
Muchos
pescadores compran un pez artificial porque les parece
bonito, original o que se asemeja a un pez verdadero.
Así, pueden adquirir un bello pez fabricado en madera
de balsa y tratar de lanzarlo con una caña y un sedal
que no es la apropiada para poner lejos un señuelo
tan poco pesado, o en unas aguas donde no se desenvuelve
correctamente para provocar el ataque de los depredadores
que allí se encuentren. Por
ello, antes de adquirir los señuelos, conviene recordar
de qué equipo disponemos y dónde pretendemos pescar,
y consultar los pesos de los peces artificiales que
suelen venir indicados.
Después,
calcularemos los mejores colores, los diseños que
nos parezcan más apropiados etc., aunque debo confesar
que el acierto con un señuelo artificial suele ser,
al final, bastante imprevisible en muchas ocasiones
y en el éxito de la elección existe un marcado protagonismo
de la fortuna.
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Diferentes modelos de
popper, un señuelo de superficie.
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Lo
más sensato es tener una colección abundante de señuelos,
e ir intercambiando nuestros artificiales. Esto es sencillo
poniendo un quitavueltas en el extremo de la línea,
o bien dando un nudo tipo gaza, que nos permita cambiar
el señuelo sin tener que estar cortando el sedal, y
dando nudos y más nudos cada vez que probemos uno nuevo,
aunque esta solución prescindiendo del quitavueltas,
hará que coja torsión el sedal. |

Un señuelo de hélices, un cranckbait de aguas medias
y un cangrejo que simula la realidad. Diferentes señuelos
para diferentes capas de agua.
| Como
norma general, podemos indicar que en las playas, entre
el oleaje, funcionan muy bien algunos vinilos largos
de tipo anguiliforme y color whisky, sobre todo para
la lubina, que siente una especial predilección por
la anguila.
También
son muy eficaces en estas circunstancias las cucharillas
ondulantes metálicas o los señuelos con hélice que “alborotan”
mucho y crean un efecto casi hipnótico para los peces
que depredan entre las espumas.
Puede ser conveniente a veces traer el señuelo bastante
rápido, casi a nivel superficial, y haciendo que salte
sobre la superficie de vez en cuando como si de un pececillo
asustado se tratase. Sin embargo en otras ocasiones,
lo mejor es cobrar lento, dejando que se hunda o flote
y con pequeñas paradas, como si nuestro señuelo fuese
un pez perdido indeciso, que no sabe muy bien qué hacer
ni adónde ir sin la compañía de su banco de parientes.
Esto
ocurre en la naturaleza, y si observamos a un pez perdido,
de los que acostumbran a moverse en compactos cardúmenes,
nos daremos cuenta de que reacciona de un modo semejante.
Dado que los predadores prestan mucha atención a estas
señales, puede ser una buena forma de engañarlo.
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Con
aguas oscuras, a la salida de la ría o después de las
tormentas que tiñen la costa con el flujo oscuro del
agua dulce proveniente de los ríos turbios, podemos
emplear peces artificiales en colores amarillos, verdosos,
naranjas etc. cobrándolos también a poca velocidad y
a cierta profundidad, con parones y arrancadas, introduciendo
cambios de velocidad aleatorios.
En
cualquier caso, lo de la velocidad o de qué forma debemos
conducir nuestros señuelos en el agua, no está del todo
claro y depende, además, de muchos factores.
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Diferentes tipos de artificiales de vinilo en un color
muy efectivo en condiciones de baja visibilidad: hot
orange o naranja "fuerte"
| Lo
mejor podrá ser alternar distintos señuelos, y cobrarlos
a la velocidad que proporcione el movimiento óptimo
para el que lo ha diseñado el fabricante. La pregunta
se origina a renglón seguido. ¿Cómo podemos saber cuál
es esa velocidad óptima?
Sólo
podemos ofrecer un consejo que sería una regla casi
general para muchos señuelos artificiales –que no todos-
y es que cuando la puntera de la caña registre vibraciones
regulares y similares, el pez artificial o nuestro artilugio
está nadando a la velocidad convenida por el fabricante.
Si, en cambio, se producen vibraciones irregulares,
o movimientos violentos en la puntera de la caña, podemos
pensar que lo estamos trayendo a una velocidad que no
es la más adecuada –generalmente demasiado rápido- o
bien, que se ha enredado. |
En
líneas generales, la velocidad ideal suele rondar entre
los 2 y los 5 nudos, aunque, claro está, dependiendo
del señuelo, del tipo de aparejo, de las condiciones
de la mar o del tiempo etc.
Demasiados
factores para esbozar una teoría que sustituya a las
necesarias horas de práctica.
De
noche, también podremos hacer que nuestros señuelos
trabajen a poca velocidad y para esto, son ideales una
vez más los peces artificiales, algunos de los cuales
nadan muy bien aunque los cobremos lentamente.
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Una
modalidad apasionante consiste en introducirse en el
agua de las playas, entre el oleaje, con unos pantalones
de vadear, y lanzar en todas direcciones buscando la
lubina que caza a veces en la misma orilla. Esto puede
ser eficaz en casi todas las playas y prácticamente
durante todos los meses del año. Lo único que debemos
cuidar es que la playa no sea utilizada por bañistas,
ni saqueada por redes y otras artes profesionales que,
por desgracia, asolan buena parte de los lugares del
litoral a pocos metros de la orilla.
Cada
vez que compremos un señuelo artificial, lo más aconsejable
es ver cómo “nada”. Esto se consigue lanzando en un
lugar de agua transparente y con cierta altura, para
comprobar sus evoluciones, trayéndolo más rápido, más
despacio, dejando que se hunda o que flote, es decir,
probándolo.
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Esto,
que parece una obviedad, suele ser olvidado por la mayoría
de los pescadores, y, aparte de la elección del color,
el tamaño etc., lo que es imprescindible es saber cómo
trabaja, cómo se maneja en el agua.
De
hecho, antes indicábamos que en la elección del tipo
de señuelo más adecuado, la suerte es un factor casi
siempre decisivo e, incluso el más experimentado pescador
se lleva sorpresas, al comprobar que un señuelo con
una pinta magnífica no pesca, o aquél que ha pescado
tantos días seguidos en el mismo puesto no pesca hoy
–sin razón aparente-, pero que ese otro tan “feo” y
que nunca dio resultado, se lleva esta vez los peces
de calle.
Sin
embargo, en lo que no existen dudas es en que cada señuelo
nada de una
forma determinada, y algunos deberán ser traídos a mucha
velocidad, otros muy despacio, otros de forma regular
y otros con violentos tirones. Esto sí que lo podemos
comprobar antes de comenzar a pescar, y por eso recomendamos
encarecidamente que, cada pez artificial, cada señuelo
que adquiramos, sea debidamente probado, y nos familiaricemos
con su manejo y sus características antes de emplearlo.
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